¿Qué hizo Dios por el hombre pecador?

Publicado el 18. ene, 2009 por en ¿Qué es la salvación?

No hay duda entonces de porque la Biblia afirma categóricamente lo siguiente:

(Rom 3:23) por cuanto todos pecaron y no alcanzan la gloria de Dios,

(Rom 3:24) siendo justificados gratuitamente por su gracia por medio de la redención que es en Cristo Jesús,

(Rom 3:25) a quien Dios exhibió públicamente como propiciación por su sangre a través de la fe, como demostración de su justicia, porque en su tolerancia, Dios pasó por alto los pecados cometidos anteriormente,

(Rom 3:26) para demostrar en este tiempo su justicia, a fin de que El sea justo y sea el que justifica al que tiene fe en Jesús.

Es bueno recordar que las buenas nuevas no solo deben incluir un “diagnostico y veredicto exhaustivo” de la condición espiritual, moral y física en la que se encuentra el hombre sin Cristo; sino también en la provisión que Dios ha hecho para todos aquellos que serán herederos de la vida eterna en Su Hijo, el Señor Jesús (Tito 3:7).

¿Qué implica la Justificación?

Enfoquémonos ahora entonces en la manera en que Dios nos ofrece el don de la salvación a seres humanos pecadores dignos de muerte, según se nos dice claramente en Romanos 6:23:

Porque la paga del pecado es muerte, pero la dádiva de Dios es vida eterna en Cristo Jesús Señor nuestro.

Dice la Palabra de Dios (La Biblia) que somos justificados gratuitamente, esto quiere decir que no hay nada que yo pueda, deba o deje de hacer para recibir este don de Dios lo cual conocemos como la salvación, en otras palabras este regalo de la salvación es gratuito para el hombre porque Dios lo justifico.

Sin embargo necesitamos considerar otro punto vital del evangelio ya que pudiéramos pasar por alto en forma muy liviana lo que para Dios significo justificar a los herederos de la salvación y todo eso por lo que para Dios es el pecado, nótese bien estamos diciendo el pecado, no los pecados, ya que sabemos que el hombre es pecador no porque peca, sino que peca porque es pecador, el tiene esa condición natural de ser pecador muy dentro de si, es como algo inherente a su propia naturaleza y Dios no tan solo aborrece al pecado sino también al pecador (Salmos 11:5, 37:28, 145:20, 5:5; Proverbios 12:7, Jeremías 25:31, 30,23)

El Dilema de la Justificación<
/strong>

Por lo tanto para entender que la salvación es un regalo pero que tuvo un costo muy grande para Dios es necesario que consideremos lo siguiente:

(Pro 17:15) El que justifica al impío, y el que condena al justo, Ambos son abominación á Jehová.

En otras palabras si Dios dice que el que justifica al impío, o sea al culpable es una abominación para Dios, ¿como puede ser posible que Dios quien es verdaderamente y totalmente Justo nos justifique según Romanos 3:24 en forma gratuita, a nosotros que si somos injustos y pecadores condenados a muerte (Romanos 6:23)?

Puesto que esta es una idea forense, la justificación se relaciona con el concepto de Dios como Juez. Este tema se encuentra por toda la Biblia. Abraham reconoció a Dios como el Juez de toda la tierra, que tenía que hacer lo justo (Génesis 18:25). En el canto de Moisés la justicia y la rectitud de Dios son reconocidas (Deuteronomio 32:4). Pablo le llama a Dios el Juez justo (2 Timoteo 4:8). El escritor de Hebreos llama a Dios el Juez de todos, y Santiago les recuerda a sus lectores que el Juez estaba delante de la puerta (Santiago 5:9).

Si en Dios, el Juez, no hay injusticia y es completamente justo en todas Sus decisiones, entonces ¿cómo puede El declarar justo a un pecador? si todos somos pecadores. Dios solamente tiene tres opciones cuando los pecadores comparecen ante Su tribunal: Condenarlos, comprometer Su propia justicia para recibirlos tal y como están, o transformarlos en personas justas. Si El puede ejercer esta tercera opción, entonces los puede declarar justos. Pero cualquier justicia que un pecador posea tiene que ser auténtica, no ficticia; real no imaginaria; aceptable por las normas de Dios, y ni aun un poquito menos que eso. Si esto se pudiera llevar a cabo, entonces, y solamente entonces, puede El justificar.

Job expresó el problema con precisión cuando preguntó: “¿Y cómo se justificará el hombre con Dios?” (Job 9:2).

Para entender este “dilema” es importante considerar el estudio de la palabra propiciación.

Propiciación

El significado más estricto del término propiciación es:

Según el uso de los griegos, propiciación significaba «aplacar la ira y ganar el favor», generalmente de alguna divinidad que se suponía ofendida, por medio del sacrificio de los dones del adorador.

En el contexto bíblico la Biblia enfatiza que la ira de Dios esta sobre el hombre pecador y el hombre tiene que pagar por sus trasgresiones hechas contra la ley de Dios y Su santidad.

Aplicando este concepto podemos afirmar lo siguiente que el sacrificio redentor de Cristo ha satisfecho los requisitos de la ira santa de Dios contra el pecado humano (Ro 1:18;
Ef 2:3); (cp. Is 53:10–11). Por tanto, Dios puede demostrar justamente misericordia al hombre y perdonar los pecados y poner en una correcta posición delante de sí al creyente (Lc 18:13–14; Ro 3:24–26). El “propiciatorio” del A.T. sirvió de lugar de propiciación o “expiación” y representa la obra propiciatoria de Cristo en el N.T. (Ex 25:18–22; Lv 16:14–22; Heb 9:5–26).

Es por eso que el apóstol Pablo en Romanos 3:25 utiliza la palabra propiciación refiriéndose a que Cristo fue nuestra propiciación, el pago por la deuda que el hombre tenía y de esa manera aplaco la ira de Dios contra el pecador, como dice Trenchard:

La solución del dilema se halla en la Cruz, donde la justicia de Dios se satisfizo y la fea mancha del pecado quedó borrada por la ofrenda de Cristo, hecha una sola vez (He. 9:28; Ro. 3:25, etc.). El Sacrificio es sumamente eficaz, y todo el concepto se eleva infinitamente por encima de las ideas equivocadas de las gentes, por las razones siguientes:

A. DIOS MISMO proveyó la ofrenda que el hombre era totalmente incapaz de buscar; es decir, el Dios contra quien habíamos pecado provee el medio de satisfacer Su propia justicia.

B. El sacrificio tiene valor infinito por el excelso valor de Dios-Hombre, quien «gustó la muerte por todos» (He. 1:2–4; 2:9).

C. Tal ofrenda pudo ofrecerse en justicia por cuanto Cristo era, a la vez, Dios y Hombre. No era un hombre entre muchos, sino EL HOMBRE por excelencia. El que había creado la humanidad en su perfección, la incorporó en Su divina Persona por el misterio de la Encarnación, llegando a ser el segundo y postrer Adán. Así pudo ser en toda la realidad el Hombre representativo, quien, sin mancha propia, se hizo responsable ante la justicia divina de los pecados de todos los hombres (He. 2:14; 2 Co. 5:21; 1 P. 2:22–24; Is. 53:4 y 5).

Téngase en cuenta que, cuando las Escrituras hablan de la propiciación y la redención por la SANGRE DE JESUCRISTO, quiere decir «la vida de Cristo, en su infinito valor, dada enteramente en expiación sobre el altar de la Cruz». El significado del sagrado símbolo se aclara mucho en el capítulo 17 de Levítico, especialmente en el versículo 11: «porque la vida de la carne en la sangre está, la cual os he dado para hacer expiación en el altar por vuestras almas; porque la sangre, en virtud de ser la vida, es la que hace expiación» (Versión Moderna). Por eso, «sin derramamiento de sangre no se hace remisión» (He. 9:22).

Debido a la propiciación Dios es totalmente justo ya que Su Hijo cargo con el pecado del hombre y recibió sobre si mismo el justo castigo de Dios por causa del pecado, Cristo murió por causa del pecado del hombre y recibió sobre su cuerpo el justo juicio de Dios:

(Isa 53:10) Con todo eso Jehová quiso quebrantarlo, sujetándole á padecimiento. Cuando hubiere puesto su vida en expiación por el pecado, verá linaje, vivirá por largos días, y la voluntad de Jehová será en su mano prosperada.

Es por causa de la propiciación o sea Cristo mismo que es gratuito para el hombre, no porque el hombre se lo merezca o se lo haya ganado; sino porque alguien pagó la deuda que el hombre tenía que pagar, ese alguien fue el Hijo de Dios, de quien se dice que fue el cordero de Dios; en palabras textuales del profeta Juan el Bautista:

(Juan 1:29) El siguiente día ve Juan á Jesús que venía á él, y dice: He aquí el Cordero de Dios, que quita el pecado del mundo
.

En el Antiguo Testamento nosotros podemos leer lo siguiente:

(Isa 53:4) Ciertamente El llevó nuestras enfermedades, y cargó con nuestros dolores; con todo, nosotros le tuvimos por azotado, por herido de Dios y afligido.

(Isa 53:5) Más El fue herido por nuestras transgresiones, molido por nuestras iniquidades. El castigo, por nuestra paz, cayó sobre El, y por sus heridas hemos sido sanados.

(Isa 53:6) Todos nosotros nos descarriamos como ovejas, nos apartamos cada cual por su camino; pero el SEÑOR hizo que cayera sobre El la iniquidad de todos nosotros.

(Isa 53:7) Fue oprimido y afligido, pero no abrió su boca; como cordero que es llevado al matadero, y como oveja que ante sus trasquiladores permanece muda, no abrió El su boca.

Esa profecía se cumplió en el Señor Jesús y el literalmente fue el cordero de Dios que fue sacrificado por nuestros pecados, la figura del cordero es muy significativa porque Dios ordenó que se tomara “un cordero de un año, sin defecto, para holocausto” (Lev. 9:3), por otro lado se sacrificaba un cordero por la mañana y otro por la tarde (Números. 28:4); también al comienzo de cada mes (Números. 28:11). Así mismo uno en cada día de la Pascua (Números. 28:16–24). Igualmente en la fiesta de Pentecostés (Números. 28:26–30) y por ultimo se ofrecían corderos en el día de la Expiación (Números. 29:7–10). Todo este sacrificio de corderos apuntaban al Mesías es decir a Cristo, de quien profetizo Isaías cientos de años antes de que realmente ocurriera.

Ahora con relación al ofrecimiento de un cordero en la pascua, el apóstol Pablo dice lo siguiente: (1Corintios 5:7) Limpiad la levadura vieja para que seáis masa nueva, así como lo sois, sin levadura. Porque aun Cristo, nuestra Pascua, ha sido sacrificado.

Esta analogía es tan importante porque así como el pueblo Judío antes de su salida de la esclavitud de Egipto hacia la libertad, hacia la tierra prometida tuvieron que sacrificar un cordero sin mancha, para nosotros Dios sacrificó a su Hijo (nuestro cordero) sin pecado, santo y sin mancha para libertarnos de la esclavitud del diablo, del pecado y de este sistema llamado mundo.

Toda esta figura de un cordero y de ser sacrificado por los pecados del pueblo es lo que Dios llevo a cabo para poder ofrecer la salvación como un regalo a todos aquellos que el había predestinado, para ser herederos de esta tan grande salvación (Efesios 1:5) como dice el apóstol Pedro, inspirado por el Espíritu Santo:

(1Pe 1:17) Y si invocáis como Padre a aquel que imparcialmente juzga según la obra de cada uno, conducíos en temor durante el tiempo de vuestra peregrinación;

(1Pe 1:18) sabiendo que no fuisteis redimidos de vuestra vana manera de vivir heredada de vuestros padres con cosas perecederas como oro o plata,

(1Pe 1:19) sino con sangre preciosa, como de un cordero sin tacha y sin mancha, la sangre de Cristo.

(1Pe 1:20) Porque El estaba preparado desde antes de la fundación del mundo, pero se ha manifestado en estos últimos tiempos por amor a vosotros

(1Pe 1:21) que por medio de El sois creyentes en Dios, que le resucitó de entre los muertos y le dio gloria, de manera que vuestra fe y esperanza sean en Dios.

La única forma en que Dios podía justificar a un pecador es que Su Justicia, por causa de Su Santidad fuera aplicada y satisfecha en alguien que tuviera santidad absoluta y fuera sin pecado, no solo eso sino que también además de ser 100% humano fuera 100% divino, en otras palabras nadie que no fuera Dios mismo podría justificar al hombre pecador, solo Dios puede justificar al hombre pecador debido a que su norma, su ley moral y su santidad es tan elevada que solo es posible ser cumplida por Dios mismo quien la promulgo.

De esta forma Dios ahora puede justificar al pecador, definamos entonces la palabra justificación:

El significado de la justificación

Justificar significa declarar justo. Tanto la palabra hebrea (—sadaq—) como la griega (—dikaioo—) significan anunciar o pronunciar un veredicto favorable, declarar justo. El concepto no significa hacer justo, sino atribuir justicia. Es un concepto de los tribunales, así que, justificar es dar un veredicto de justicia. Nótese el contraste entre justificar y condenar en Deuteronomio 25:1; 1 Reyes 8:32; y Proverbios 17:15. Como anunciar la condenación no hace que una persona se convierta en malvada, tampoco la justificación hace a una persona justa. No obstante, con condenar o justificar se anuncia el estado verdadero y real de la persona. Sin embargo, la persona malvada ya es malvada cuando se pronuncia el veredicto de condenación. Igualmente, la persona justa ya es justa cuando se anuncia el veredicto de justificación.

La justificación no es meramente el acto judicial por el cual Dios nos declara libres del castigo decretado por la ley. El acto judicial de Dios por el cual somos justificados también involucra la imputación a nuestra cuenta de la justicia positiva de Cristo. Pablo lo expresa así: «Y ser hallado en él, no teniendo mi propia justicia, que es por la ley, sino la que es por la fe de Cristo, la justicia que es de Dios por la fe» (Filipenses 3:9).

an>

En la justificación nos imputamos esta justicia de Dios por fe en Cristo. La justicia de Cristo no es imputada ni impartida, es impartida en el proceso de santificación, y es imputada en el acto de justificación. Entonces la justificación no es una «ficción legal» sino un «hecho legal». Es por la obediencia de Cristo que somos hechos justos. «Por la obediencia de uno, los muchos serán constituidos justos» (Romanos 5:19b).

Hodge declara el caso así: «La justicia de Cristo, incluyendo todo lo que hizo y sufrió en lugar de nosotros, es imputada al creyente como la base de su justificación, y … las consecuencias de esta imputación son, primero, la remisión de pecado, y segundo, la aceptación del creyente como justo».

Vemos entonces que lo que Dios hace es transformar a los pecadores en personas justas. ¿Cómo lo hace, según la Biblia? Haciéndonos justicia de Dios en Cristo (2 Corintios 5:21), por tanto constituye justos a los muchos cuando creen en Cristo, como Salvador (Romanos 5:19), dándoles a estos que creen el don de la justicia (v. 17). En la epístola a los romanos capitulo 3:21–25 podemos ver como es que Dios ejecuto su justicia para poder justificar al pecador, en el versículo 21 leemos algo muy importante y que lamentablemente muchas veces se pasa por alto esa gran verdad y es la siguiente: Dios para proveer la justicia necesaria lo hizo sin la ley, esta forma de justificar fue testificada por la ley y los profetas, tanto la ley como los profetas fueron los testigos pero no el medio, el medio según todo el contexto de este pasaje es Cristo, esto quiere decir que Dios centro su justicia en Cristo, en el versículo 22 dice que esa justicia se alcanza o llega a nosotros mediante la fe en Jesucristo, para todos los que creen en El, pero hemos de notar que no es a causa de la fe que esta justicia llega, la fe es simplemente el canal por el cual recibimos la salvación y obviamente la fe necesita tener el objeto correcto para que sea efectiva, y el objeto de la fe salvadora es Jesucristo.

 

Descargue un estudio completo de esta doctrina cardinal


Ryrie, C. C. (2003). Teologı́a básica (340). Miami: Editorial Unilit.

Trenchard, E. (1972). Bosquejos de docrina fundamental (40). Grand Rapids, Michigan: Editorial Portavoz.

LBLA indice de topicos. 2000 (electronic ed.). La Habra, CA: Foundation Publications, Inc.

Trenchard, E. (1972). Bosquejos de docrina fundamental (42). Grand Rapids, Michigan: Editorial Portavoz.

Ryrie, C. C. (2003). Teologı́a básica (339). Miami: Editorial Unilit.

Hodge, Systematic Theology, vol. II, pp. 164 ss.

Buswell, J. O. (1983). Teología sistemática, tomo 3, Jesucristo y el plan de salvación : Buswell, J. Oliver. (633). Miami, Florida, EE. UU. de A.: LOGOI, Inc.

facebooktwittergoogle_pluspinterestmailby feather

Tags: ,

No hay comentarios.

Deja un comentario