El Alfa y la Omega

El Alfa y la Omega

Publicado el 19. ene, 2009 por en Jesucristo

(Apocalipsis 1:17)  Cuando le vi, caí como muerto a sus pies. Y El puso su mano derecha sobre mí, diciendo: No temas, yo soy el primero y el último,

 

(Apocalipsis 1:18)  y el que vive, y estuve muerto; y he aquí, estoy vivo por los siglos de los siglos, y tengo las llaves de la muerte y del Hades.

 

(Apocalipsis 1:19)  Escribe, pues, las cosas que has visto, y las que son, y las que han de suceder después de éstas.

 

(Apocalipsis 1:20)  En cuanto al misterio de las siete estrellas que viste en mi mano derecha y de los siete candelabros de oro: las siete estrellas son los ángeles de las siete iglesias, y los siete candelabros son las siete iglesias.

 

Poder caer como muerto, como le paso al apóstol Juan delante de la presencia del Señor Jesús; debiera llevarnos a un entendimiento mayor de la reverencia y del temor santo que debe embargarnos cuando nos acercamos ante su presencia, lamentablemente  el mundo “cristiano de hoy” ha perdido esa reverencia y se olvida que el Alfa y la Omega se pasea en medio de los siete candeleros de oro, el cual tipifica a su Iglesia.

 

Por otro lado el Señor Jesús afirma que las siete estrellas que están en su mano derecha son los mensajeros de las siete iglesias y cuando continuamos leyendo el siguiente capitulo del Apocalipsis podemos leer que el tiene un veredicto para cada una de esas iglesias por medio de esos mensajeros, no vamos a entrar aquí a debatir o discutir si esas iglesias representan solamente las iglesias locales que existieron realmente en el Asia Menor o que representan edades o estados de la Iglesia de Cristo, pero lo que si podemos aprender sin lugar a dudas es que el que se llama así mismo el primero y el ultimo es quien esta observando atentamente el desarrollo de su iglesia; al fin y al cabo el la compro con su sangre.

 

(Hechos 20:28)  Tened cuidado de vosotros y de toda la grey, en medio de la cual el Espíritu Santo os ha hecho obispos para pastorear la iglesia de Dios, la cual El compró con su propia sangre.

 

Toda la introducción y la visión gloriosa sobre el Cristo resucitado que tuvo el apóstol Juan precede a lo que Cristo tiene que decir respecto de su Iglesia, el control de la iglesia no es de hombres, la dirección de su iglesia no es de hombres, la protección de su iglesia no depende de los hombres.  Su Iglesia empezó con El y su Iglesia culminará con El, Cristo es el Señor de la Iglesia y El es quien la sostiene y la sustenta, leamos lo que el mismo dice respecto de su relación con su Iglesia:

 

“El que tiene las siete estrellas en su mano derecha, el que anda entre los siete candelabros de oro”

 

“El primero y el último, el que estuvo muerto y ha vuelto a la vida”

 

“El que tiene la espada aguda de dos filos”

 

“El Hijo de Dios, que tiene ojos como llama de fuego, y cuyos pies son semejantes al bronce bruñido”

 

“El que tiene los siete Espíritus de Dios y las siete estrellas”

 

“El Santo, el Verdadero, el que tiene la llave de David, el que abre y nadie cierra, y cierra y nadie abre”

 

“El Amén, el Testigo fiel y verdadero, el Principio de la creación de Dios”

 

No hay duda que Jesús el Hijo de Dios, es el Alfa y la Omega, el principio y el fin y que su Iglesia esta bajo su control y dirección, por eso cuando vemos hombres y mujeres enseñando doctrinas de hombres y doctrinas de demonios y toda la desviación doctrinal que lamentablemente hoy existe, no debemos preocuparnos porque su verdadera iglesia ni siquiera puede ser tocada por las puertas del infierno:

 

(Mateo 16:18c)y las puertas del Hades no prevalecerán contra ella.

 

Lo que si debemos hacer es contender por la fe que fue dada una vez a los santos:

 

(Judas 1:3)  Amados, por el gran empeño que tenía en escribiros acerca de nuestra común salvación, he sentido la necesidad de escribiros exhortándoos a contender ardientemente por la fe que de una vez para siempre fue entregada a los santos.

 

(Judas 1:4)  Pues algunos hombres se han infiltrado encubiertamente, los cuales desde mucho antes estaban marcados para esta condenación, impíos que convierten la gracia de nuestro Dios en libertinaje, y niegan a nuestro único Soberano y Señor, Jesucristo.

 

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