Jesús la Resurrección y la Vida

Jesús la Resurrección y la Vida

Publicado el 19. Jan, 2009 por en Jesucristo

El fundamento del Cristianismo esta anclado en la verdad absoluta de que Cristo venció a la muerte, Jesús resucitó y se levanto de entre los muertos. El triunfo de nuestro Señor Jesucristo sobre la muerte es sin duda uno de los acontecimientos históricos más grandes de la historia de la humanidad y que muchos hombres y mujeres quisieran borrar de la historia. Sin embargo es un momento histórico que  no puede ser borrado o ignorado porque ha traído incontables bendiciones a cientos de miles de personas en toda la faz de la tierra, la mayor de todas estas bendiciones es la salvación de las almas de los que han creído en El y que ahora son la iglesia de Cristo. 

Nuestro adversario el diablo creyó que la muerte del Señor Jesús en la cruz del calvario, era su golpe de muerte al plan divino de Dios. Pero cuando Cristo resucito, porque la muerte no tenia poder para contenerlo, tuvo que darse cuenta que fue el mismo quien había recibido el golpe de muerte, en la cabeza. Hacía dos mil años que se había profetizado en Génesis 3:15: “Y pondré enemistad entre ti y la mujer, y entre tu simiente y la simiente suya; ésta te herirá en la cabeza, y tu le herirás en el calcañar”. Jesucristo es la simiente de la mujer. El recibió apenas una herida en el calcañar al morir en la cruz, pero asestó a Satanás una herida mortal en la cabeza. 

Si Jesús hubiera permanecido en la tumba, Satanás habría ganado una enorme victoria, pero cuando el Señor salió del sepulcro mostró a todo el mundo “que era, que es y que ha de venir” (Apocalipsis 1:4), y que todas las profecías relacionadas con su persona y con su obra se cumplirán tarde o temprano, muchas de las cuales ya se cumplieron y no pueden ser negadas o ignoradas. 

La Biblia nos relata que cuando Jesús estaba siendo sepultado, unas mujeres estaban mirando y se fijaron dónde lo ponían (Marcos 15:47). Esa noche prepararon especias aromáticas y ungüentos; y descansaron el día de reposo (Lucas 23:56), después muy de mañana, el primer día de la semana, llegaron a la tumba cargando las cosas que habían preparado para ungir el cuerpo de Jesús (Marcos 16:1–2). Este grupo de mujeres estaba compuesto de María Magdalena, María la madre de Jacobo, y Salomé. 

Mientras caminaban hacia el lugar donde habían sepultado al Señor Jesús se preguntaban: “¿Quién nos removerá la piedra de la entrada del sepulcro?” (Marcos16:3). Cuando llegaron y miraron, vieron que la piedra ya había sido quitada. Al entrar en el sepulcro, encontraron a un joven vestido de blanco, por lo que se llenaron de espanto (Marcos 16:4–5). El evangelio de Mateo lo identifica como un ángel, y añade que hubo un gran terremoto por causa de este ángel quien removió la piedra donde estaba sepultado Jesús, cuando los guardias que custodiaban la tumba vieron todo eso temblaron de miedo y quedaron como muertos (Mateo 28:2–4). 

Este ángel las calmó y sus palabras dieron evidencia de que sabia que Jesús ya no estaba ahí, el sabía que Jesús había resucitado. Él sabía que ellas buscaban a Jesús Nazareno, quien fuera crucificado y les dio el glorioso mensaje de la resurrección con las siguientes palabras: “Ha resucitado, no esta aquí”. 

Después, invitó a las mujeres a mirar el lugar en donde había estado, pero no había nadie. La tumba estaba vacía. En verdad el Señor había resucitado (Marcos 16:6c). 

El ángel les dio a las mujeres el privilegio de ser las primeras en llevar el mensaje de la resurrección de Cristo. Las envió a contar las buenas nuevas de la resurrección a sus discípulos y de avisarles que él iba delante de ellos a Galilea, donde ellos le verían. Ellas se fueron huyendo del sepulcro, todavía espantadas de lo que habían visto (Marcos 16:7–8) mientras se alejaban de prisa el mismo Señor Jesús les salio al encuentro y les dijo que no temieran (Mateo 28:10).

Entre lo que relata Mateo 28:10 y Marcos 16:9, entendemos que hubo un lapso de tiempo donde El Señor resucitado primeramente se le apareció a María Magdalena y luego las otras dos mujeres llegaron posteriormente ya que sabemos que las tres iban muy de prisa a dar las buenas nuevas; sin embargo es muy probable que María Magdalena iba a mas de prisa y por tanto un trecho de espacio mas adelante que las otras dos; también dice que ellas abrazaron sus pies y le adoraron. Entonces él Señor Jesús les repitió el mensaje dado por el ángel (Mateo 28:8–10). 

Entendemos que Marcos lo narra de esa forma para que podamos ver una vez mas la maravillosa gracia de Cristo en la salvación de esa pobre mujer. De quien había echado fuera siete demonios. El Nuevo Testamento relata que María Magdalena se convirtió en una de sus seguidoras y que le servía juntamente con otras mujeres. Amaba mucho al Señor, porque mucho se le había perdonado y ahora tenía el enorme privilegio de ser la primera a quien aparecía el Señor ya resucitado. 

De inmediato, ella se fue y contó las buenas nuevas a los que habían estado con él. Es posible que aquí se refiera a un grupo mayor que los once, pero éstos fueron llamados para estar con él y serían sus sucesores en llevar el evangelio a todo el mundo. María Magdalena los encontró tristes y llorando (Marcos 16:10). Sin embargo, cuando ellos oyeron que vivía y que ella le había visto, no le creyeron (16:11). 

Posteriormente se le apareció a Pedro eso nos lo informa Lucas en su evangelio, parece que ésta siguió en orden consecutivo a la aparición a las mujeres (Lucas 24:34), después apareció a dos de sus discípulos mientras caminaban por el campo (Marcos 16:12) en el evangelio de Lucas tenemos mucha información valiosa y maravillosa de esa aparición a los dos discípulos (Lucas 24:11–33) 

Finalmente apareció a los once, esto sucedió estando ellos sentados a la mesa. Juan informa que no estuvo presente Tomás (Juan 20:19–25). Fue una reunión agridulce, porque durante ella les reconvino por su incredulidad y dureza de corazón al no creer a los que le habían visto resucitado (Marcos 16:14). 

Cristo hizo también las siguientes apariciones posteriores: 

1.     A los once para el beneficio de Tomás (Juan 20:24–29)

2.     A los once en Galilea (Mateo 28:16–20).

3.     A los once en el mar de Tiberias (Juan 21:1–24).

4.     A más de quinientos hermanos (1 Corintios 15:6).

5.     A Jacobo (1 Corintios 15:7).

6.     A Pablo (1 Corintios 15:8). 

Todas estas apariciones son de extremo valor. No hay duda que el Señor quería que sus seguidores estuvieran convencidos de su resurrección porque sería parte íntegra del mensaje apostólico (1 Corintios 15:1–4).

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