La doctrina bíblica de la humanidad, deidad, y persona de Cristo. (2)

La doctrina bíblica de la humanidad, deidad, y persona de Cristo. (2)

Publicado el 19. Apr, 2009 por en Jesucristo

I. Distintas perspectivas teológicas

 

A. La enseñanza de Arrio

Precisamente una de las controversias que ocurrió en la iglesia, fue a mediados del siglo cuarto, cuando Arrio y el obispo de Alejandría, se enfrentaron sobre la deidad de Cristo. Debido a que el emperador Constantino se “convirtió” al cristianismo, algunos dicen que hizo esto quizás como una manera de unificar su reino. La controversia y debates que se habían desatado resultaba en una amenaza para su reinado y por lo tanto convocó al primer concilio ecuménico del Cristianismo, el mismo tuvo lugar en Nicea, 325 d.C. Este concilio se enfocó en la deidad de Cristo en relación con el Padre y Arrio defendía lo siguiente:

“Arrio decía que “sólo hay un Dios, no una trinidad”, y que Jesús no era Dios, sino un semi-dios. Cristo, para Arrio, era un ser creado, de mayor rango que los humanos, pero no igual que el Padre. En ese concilio, el principal rival de Arrio fue Atanasio (Atanasio enseñaba que hay tres personas en un Dios, y que estas tres personas son co-iguales, co-eternos, y co-esenciales).

En ese concilio, después de agitados debates, solamente tres de los participantes votaron a favor de la visión de Arrio, entre los cuales estaba Arrio. Los arrianos afirmaban que la naturaleza divina de Cristo era similar (homoiousian) a Dios, pero no lo mismo (homoousian). El debate giró en relación a la siguiente palabra “Homoousios”. Este término se compone de hómos (igual) y ousía (substancia) y tiene como correspondiente latino la voz “consubstancial”.

Se trata de un concepto originalmente bastante sospechoso, ya que lo usaban los gnósticos valentinianos para quienes los hombres materiales eran llamados consubstanciales del diablo y los ángeles consubstanciales de Cristo. Unos años más tarde Arrio, sosteniendo la creaturalidad del Hijo, llegó a negar automáticamente que pudiera ser consubstancial al Padre.

Afirmar la consubstancialidad del Hijo suponía para él dividir la substancia divina en dos partes, reduciendo la divinidad a categorías físicas. En el concilio de Nicea se impuso el término homoousios, sin que fuera extraña a ello la influencia de Constantino.”[1]

B. La enseñanza de Tertuliano

 

Por otro lado Tertuliano (160 a 230 d.C.) fue el primero en usar la palabra latina trinitas. Como hace notar Henry Chadwick, Tertuliano propuso que Dios es ‘una sustancia que consiste en tres personas’[2]. Con todo, eso no significa que pensaba en tres personas coiguales y coeternas. No obstante, podemos afirmar que sus ideas constituyeron la base sobre la cual escritores y teólogos posteriores fueron formando la doctrina de la Trinidad de aquellos tiempos.

 

El concepto que Tertuliano tenía del Padre, el Hijo y el Espíritu Santo era muy diferente de la Trinidad de la cristiandad actual, pues él era subordinacionista. Consideraba que el Hijo estaba subordinado al Padre.

Además de eso Tertuliano considera al Logos de Dios (Sermo o Verbum), como Dios en sentido derivado, como el decía por ser de la misma substancia de Dios, es decir Dios viene de Dios como la luz proviene del sol, esta era su enseñanza:

“Y decimos que por Dios ha sido pronunciado y de tal pronunciación es generado, y por eso es llamado Hijo de Dios y Dios por unidad de substancia; porque Dios es espíritu. Así como el rayo nace del sol, porción de aquella suma, quedándose el sol en el rayo, porque en el rayo está el sol, y no se separa la substancia, sino que se extiende; así el espíritu nace de espíritu y Dios de Dios. Como la lumbre aunque encienda otras queda entera sin menoscabarse, y no pierde los grados la matriz, aunque de ella se originen otras iguales luces, que si se comunica no se mengua; así lo que nació de Dios es Dios enteramente é Hijo de Dios, y ambos uno, Espíritu de Espíritu y Dios de Dios, en quien solamente hace número el grado de la generación , el modillo de la persona, no la majestad de la esencia, que aunque nace no se aparta; como el ramo, aunque nace no se divide del tronco”.

(Apologeticum XXI)

Tertuliano no consideraba al Hijo coeterno con el Padre y afirmaba que El Hijo de Dios no siempre existió, es decir solo a partir de ser engendrado por el Padre. Esto lo demuestra diciendo:

“Nosotros afirmamos, por lo tanto, que el nombre de Dios siempre existió con Él mismo, pero no eternamente el de Señor. Porque la condición de uno no es la misma que la del otro. Dios es la designación de la sustancia misma, esto es: de la Divinidad; pero el Señor, no lo es de la sustancia, sino del poder. Yo sostengo que la sustancia existió siempre con su propio nombre, el cual es Dios; el título Señor fue después añadido, como indicación de algo acrecentado. Desde el momento que las cosas empiezan a existir, sobre el cual el poder de un Señor fue el acto, Dios a través de la accesión de tal poder, llegó a ser Señor y recibió el nombre de ahí. Porque Dios es de la misma manera un Padre y también un Juez; pero no siempre fue Padre y Juez, simplemente por haber sido siempre Dios. Porque él no pudo haber sido Padre previo al Hijo ni un Juez antes del pecado. Hubo sin embargo, un tiempo cuando ni el pecado existió con Él, ni el Hijo; el primero lo constituye de Señor a Juez y el último un Padre. De esta manera no fue Señor previo a esas cosas de las cuales Él fue Señor. Pero Él llegó a ser Señor únicamente en un tiempo futuro: solo como Él llegó a ser Padre por causa del Hijo y Juez por el pecado, entonces también llegó a ser Señor a través de las cosas que él hizo.”

(Adversus Hermogenem III)

 

Sabemos también por lo que nos cuenta la historia que Tertuliano se hizo montanista y aun a pesar de eso no dejó de atacar a quienes a su parecer torcían la fe cristiana. En el desarrollo posterior de la teología varias de sus obras del período montanista han sido de gran importancia.

 

Sin embargo Tertuliano propone su propia fórmula acerca del modo en que ha de entenderse la relación entre el Padre, el Hijo y el Espíritu Santo. Esa fórmula expresa que hay en Dios “una substancia y tres personas”. La importancia de este nuevo concepto o definición es monumental, debido a que Tertuliano fue la primera persona en referirse a la Trinidad mediante el uso de esta fórmula, obviamente después llegaría a ser aceptada en forma general. Esto no significa, que Tertuliano originó la doctrina de la Trinidad, pero sí podemos decir que fue él; quien creó el vocabulario que a la larga se hizo común, esto fue lo que el enseñaba:

 

“Tertuliano dijo que hay en Cristo “una persona” y “dos substancias o naturalezas”: la divina y la humana. También esta fórmula, utilizada por primera vez por Tertuliano, vino a ser la fórmula generalmente aceptada para expresar la relación entre la divinidad y la humanidad en Jesucristo.

 

Por todas estas razones, Tertuliano es un personaje único en la historia de la iglesia. Ardiente defensor de la ortodoxia frente a toda clase de herejías, terminó por unirse a uno de los movimientos que el resto de la iglesia consideraba herético. Y, aún después de hereje, siguió produciendo obras y fórmulas teológicas que serían de gran importancia en el curso futuro de la iglesia. Además, fue él el primer teólogo cristiano que escribió en lengua latina, que era la lengua común en la mitad occidental del Imperio, y por tanto su pensamiento influyó notablemente sobre toda la teología occidental”.[3]

Sigue leyendo el siguiente artículo: Deidad y Humanidad de Cristo (3)

Artículo Anterior: Deidad y Humanidad de Cristo (1)


[1]E. Romero Pose, Raíces cristianas de Europa, (Madrid: Ediciones San Pablo, 2006), pp. 95-101.

[2]Henry Chadwick, The Early Church [La Iglesia Temprana] (London: Penguin Books, 1993), p. 89.

[3]Justo L. González, Historia del Cristianismo: Tomo 1 (Miami: Editorial Unilit, 1994), pp. 97-98.

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