La doctrina bíblica de la humanidad, deidad, y persona de Cristo. (3)

La doctrina bíblica de la humanidad, deidad, y persona de Cristo. (3)

Publicado el 19. Apr, 2009 por en Jesucristo

C. La enseñanza Bíblica

Empezaremos diciendo que no podemos negar el gran hecho histórico de la manifestación de Cristo, por tanto ¿Qué explicación se ha de dar de esta “vida” que resalta entre todas las figuras de los hombres de la historia? Por un lado los materialistas en su afán de negar la revelación sobrenatural, tratan de mostrar que Jesús era un hombre bueno, el cual si, estaba maravillosamente dotado de poderes espirituales y religiosos, pero no dejaba de ser un hombre común y corriente como cualquier otro. Nosotros sabemos que esto es contrario a toda la evidencia presentada por los escritores de los Evangelios, que nos muestran en las palabras del Señor mismo como por la apreciación de quienes mejor le conocían, como Dios; decían ellos sin ninguna duda, fue manifestado en carne. Podemos afirmar entonces que si se hacía “Dios” cuando no lo era, entonces distaba mucho de ser un “buen hombre” y eso lo llevaría a ser considerado el mayor impostor de los siglos.

 

Sin embargo debemos aceptar con humildad y fe, la verdad revelada sobre la persona de Cristo en las Escrituras tal y conforme se nos presenta en los escritos sagrados, por las evidencias de peso que en ellas encontramos sobre la persona de Jesús; es decir tanto su verdadera e indiscutible humanidad y deidad; pero no podemos ignorar que muchos creyentes a lo largo de la historia han caído en errores sobre la persona de Cristo por no prestar suficiente atención a todo lo que la Palabra de Dios dice de Él. Comprendemos que siempre habrá una parte de este misterio que sólo Dios puede profundizar en nuestras mentes, lo sabemos por la propia declaración del Señor Jesús: “Nadie conoce quién es el Hijo sino el Padre; ni quién es el padre sino el Hijo, y aquel a quien el Hijo lo quiere revelar” (Lucas. 10:22). Pero eso no nos excusa de meditar en lo que se ha revelado, que se puede resumir con la siguiente expresión: “Cristo posee dos perfectas naturalezas, la divina y la humana, en una sola persona, por eso podemos exclamar: Jesucristo Señor nuestro.” Lamentablemente hay muchos que han subrayado Su divinidad a expensas de Su humanidad, y otros han caído en el error contrario. Por lo tanto es necesario, entonces, evitar a toda costa la idea de que Cristo fuese en parte Dios y en parte Hombre, necesitamos ajustar nuestra enseñanza a lo revelado en la Biblia, que manifiesta su plena divinidad y su perfecta humanidad (Juan 1:1–4, 14 y 18; Colosenses 2:9; Hebreos 1:1–4; 1a Juan 5:20 y Romanos 9:5).

 

Veamos un resumen completo que muestra lo que la Biblia enseña sobre la persona de Cristo:

 

“La divinidad y la humanidad se manifiestan prácticamente en toda la vida del Señor Jesucristo, pero la explicación de la vida se halla en el misterio de la Encarnación, o, mejor dicho, la vida y el relato bíblico del nacimiento se explican mutuamente, y lo uno sin lo otro sería incomprensible. Jesús nació de la bienaventurada virgen María por obra y gracia del Espíritu Santo, según la preciosa anunciación del ángel Gabriel (Lc. 1:35). La humanidad que recibió de su madre fue real, pero libre de la mancha del pecado original. La unión del Hijo Eterno con la humanidad así recibida es un misterio que sólo la mente de Dios alcanza. Necesariamente, el modo de manifestarse la divinidad era distinto en la vida humana que en la gloria del Cielo, pero su plenitud estaba siempre presente, y el poder divino se ejercía tantas veces como se requería para el cumplimiento de la voluntad de Su padre (Fil. 2:6–8).

 

Nótense, entre otras muchas, las siguientes expresiones que dejan muy clara la verdad de su deidad: “Antes que Abraham fuese YO SOY” (Jn. 8:58). “Yo y el padre uno somos” (Jn. 10:30). “El que me ha visto a mí ha visto al padre” (Jn. 14:9). La deidad del Señor se presenta especialmente en el Evangelio según San Juan, pero la enseñanza es igual en todos, como vemos por la declaración de Cristo ante el Sanedrín (Mr. 14:61 y 62).

 

Vemos muy claramente por el relato de los Evangelios que Jesús pasó por las experiencias normales de una vida humana, aparte del pecado. Nació de madre humana, creció en sabiduría y en edad; padecía hambre, sed y cansancio; comía y dormía. Se afligía y se gozaba en Su espíritu y en Su alma. Fue tentado del diablo, pero sin ceder a la tentación, y, como Siervo de Jehová, vivía una vida caracterizada por la oración y la fe, pues nunca empleó Su poder divino para eludir las consecuencias de Su humanidad. Por fin murió y fue sepultado. Su humanidad no cesó con la resurrección, sino que existe glorificada a la diestra de Dios: Hay «un solo mediador entre Dios y los hombres: Jesucristo hombre» (1 Ti. 2:5; Lc. 24:37–40, etc.).”[1]

Sigue leyendo el siguiente artículo: Deidad y Humanidad de Cristo (4)

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[1]Ernesto Trenchard, Estudios de Doctrina Bíblica (Grand Rapids, Michigan: Editorial Portavoz, 1998), pp. 61-69.


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