La Profecía en la Biblia (3)

La Profecía en la Biblia (3)

Publicado el 12. jun, 2009 por en Profecía

Un punto importantísimo a considerar en este estudio y que debemos recordar todo el tiempo sobre profecía es que la revelación siempre es una iniciativa de Dios, en el AT por ejemplo Dios le dijo a Moisés: “Y aparecí a Abraham, a Isaac y a Jacob como Dios Omnipotente, mas en mi nombre JEHOVÁ no me di a conocer a ellos” (Éx. 6:3). En este texto claramente vemos que Dios es quien inicia la revelación de sus propósitos. Nabucodonosor reconoció esta gran verdad, porque le dijo a Daniel lo siguiente: “Ciertamente el Dios vuestro es Dios de dioses, y Señor de los reyes, y el que revela los misterios, pues pudiste revelar este misterio” (Dn. 2:47). En ese sentido la actividad profética es el resultado de una revelación directa de Dios a un ser humano. Se dice de Samuel, cuando era joven, “que no había conocido aún a Jehová, ni la palabra de Jehová le había sido revelada” (1 S. 3:7). Y después de su primera experiencia personal con Dios, se señala: “Y Jehová volvió a aparecer en Silo; porque Jehová se manifestó [reveló] a Samuel en Silo por la palabra de Jehová” (1 S. 3:21). 

No debemos olvidar que los profetas eran hombres y mujeres que hablaban a las personas de su tiempo, mayormente sobre asuntos pertinentes para su tiempo pero que tenían y tienen una proyección hacia el futuro. Esa proyección es una parte de la profecía, no su totalidad. No se debe, entonces, entender que profetizar sólo significa predecir. Sin embargo, la predicción es parte esencial y verificativa de la legitimidad del profeta (“… si se cumpliere la señal o prodigio que él anunció…” [Dt. 13:2]). Dios declaraba su mensaje al profeta sobre temas muy vivos y candentes en los momentos de sus vidas, así como les hablaba también sobre los eventos del porvenir. Lo que constituye el ministerio profético es la proclamación de “la palabra de Jehová”. Esa palabra era dada, no para satisfacer curiosidades “futurísticas”, sino para buscar cambios en la conducta de los que oían o leían la profecía en el momento de ser emitidas. Esos cambios podían significar arrepentimiento o, cuando se hablaba de glorias futuras, buscaba como resultado inmediato la consolación. [2] 

Es por eso que decir o afirmar que uno ha recibido una revelación de Dios es muy serio, no es en vano el énfasis que la Biblia muestra en este hecho: Que es Dios quien se revela a sí mismo. La razón humana no puede por su propio esfuerzo llegar a conocer a Dios. Necesitamos recordar que toda revelación de parte de Dios tiene su origen en Dios mismo. 

Las formas y la manera que Dios entrega su revelación, en este caso la profecía; en muchas ocasiones fue por medio de visiones que se producían en momentos de “éxtasis”, como el caso de los ancianos de Israel en Nm. 11:24–29; o el ejemplo de Balaam, el varón “caído, pero abiertos los ojos” (Nm. 24:3–4); o los profetas que encontró Saúl (1 S. 10:5). En cuanto a las “figuras”, es una referencia al uso de parábolas y símiles (“… he hablado a los profetas, y aumenté la profecía, y por medio de los profetas usé parábolas” [Os. 12:10]). Ezequiel usa muchos de ellos, como es el caso de “las dos águilas”, que se plantea en Ez. 17:1–24. En algunas ocasiones no es fácil advertir el sentido en otro idioma que no sea el hebreo, porque se trata de juegos de palabras que guardan semejanzas entre sí pero que no se parecen cuando son traducidas. Por ejemplo, en el libro de Amós, Dios le pregunta al profeta: “¿Qué ves, Amós? Y respondí: Un canastillo de fruta de verano. Y me dijo Jehová: Ha venido el fin sobre mi pueblo Israel; no lo toleraré más” (Am. 8:2). “Fruta de verano”, en hebreo, es kitz. Y la palabra “fin” es keetz. Luego, lo que se quiso expresar era que así como el verano es el tiempo de la madurez de las frutas, Israel estaba maduro ya para recibir su castigo. En otras circunstancias el profeta mismo se veía convertido en figura (“… porque por señal te he dado a la casa de Israel” [Ez. 12:6]). Dios ordenó a Isaías que anduviera “desnudo y descalzo” en cierto momento (Is. 20:1–2). Ezequiel recibió instrucción de Dios de acostarse sobre su “lado izquierdo” y luego sobre el derecho durante cierto tiempo, como una señal para los israelitas en el exilio (Ez. 4:1–7).[3] 

Por otro lado es de vital importancia reconocer y estar totalmente  apercibido que la revelación es entregada por Dios por medio del Espíritu Santo. Porque así como lo que sabemos de nosotros mismos nos lo dice nuestro propio espíritu, lo que se quiera saber de Dios tiene que ser revelado por el Espíritu de Dios, por eso la Biblia dice: “¿Quién de los hombres sabe las cosas del hombre, sino el espíritu del hombre que está en él? Así tampoco nadie conoció las cosas de Dios, sino el Espíritu de Dios” [1 Co. 2:11]). Por eso el Señor Jesús dijo a sus discípulos: “Mas el Consolador, el Espíritu Santo, a quien el Padre enviará en mi nombre, él os enseñará todas las cosas” (Jn. 14:26). 

Cuando un lector lee la Biblia mayormente la interpreta literalmente, que es la manera en que el lenguaje es normalmente escrito y naturalmente entendido. Sin embargo necesitamos reconocer que los escritores de la Biblia usaron con frecuencia un lenguaje simbólico o figurativo, que algunas veces es una manera normal y llamativa  de representar una verdad literal y en otras nos quieren dejar una impresión grafica de la profecía. En ese sentido La Biblia debe ser entendida a la luz del uso normal del lenguaje, el uso común de las palabras, el trasfondo histórico y cultural, el contexto del pasaje y la enseñanza general de la Biblia (2 Timoteo 2:15). Lo más importante, el creyente tiene que estudiar la Biblia en total dependencia del ESPÍRITU DE VERDAD, cuyo ministerio es revelar a Cristo e iluminar la mente y el corazón de los creyentes (Juan 5:39; 16:13-15; 1 Co. 2:9-16). El hombre natural, no regenerado, no puede entender o interpretar correctamente la Palabra de Dios. Las cosas de Dios son locura para él, no las puede entender (1 Co.2:14) y su mente está entenebrecida (Romanos 3:11; 2 Co.4:3-4). 

Aunque la Biblia no nos explica ni nos enseña al 100% cómo se lleva a cabo este proceder de parte de Dios, no se trata aquí de imaginar cosas o pensar cosas que a mí me gustaría fueran de esa manera o que a mí me gustaría que se dieran de una u otra manera, esto ocurre mucho por lo general cuando tenemos un determinado lente doctrinal con el que miramos todo el contenido bíblico.  Lamentablemente siempre estamos tratando de acomodar o forzar nuestras interpretaciones de la profecía bíblica según nuestra denominación o estilo de pensamiento, esto es algo que necesitamos erradicar y disciplinarnos a no ceder ante esa inclinación muy natural que tenemos.

Sigue leyendo el siguiente artículo: La Profecía en la Biblia (4)

Artículo anterior: La Profecía en la Biblia (2)

Tags: , , ,

No hay comentarios.

Deja un comentario