Necesitamos postrarnos y angustiarnos

Necesitamos postrarnos y angustiarnos

Publicado el 18. Jun, 2009 por en Enfriamiento Espiritual

Como si no fuera suficiente redefinir la fe como una fuerza, deificar al hombre como un dios, y atacar la expiación de Cristo en la cruz, el movimiento de la Fe, además, ha convertido el evangelio de la gracia en un evangelio de avaricia. 

Jesús advirtió: “Mirad, y guardaos de toda avaricia; porque la vida del hombre no consiste en la abundancia de los bienes que posee” (Lucas 12:15). Y continuó el Señor diciendo a Sus discípulos la parábola del rico necio, quien estaba acumulando posesiones para la seguridad de su futuro (versículos 16-21). Jesús no condenó la tenencia de posesiones, pero sí señaló la necedad de una perspectiva temporal en lugar de una perspectiva eterna. Sin acuñar expresiones novedosas, Jesús citó a Su Padre, diciendo al hombre rico: 

“Necio, esta noche vienen a pedirte tu alma” (v. 20). La orden del Maestro fue siempre la misma: “Mas buscad primeramente el reino de Dios y su justicia, y todas estas cosas os serán añadidas” (Mateo 6:33). 

¡Qué diferente es el mensaje de los maestros de la Fe! Esta gente inexorablemente pregona la idea de que la prosperidad es el derecho divino de cada creyente. Esta nueva marca de “cristianismo” no es más que una bautizada forma de avaricia vestida con una capa sutil de “religiosidad”. Es una lastimosa conformidad con las tendencias culturales de nuestros días. 

Como astutamente lo hizo notar Quentin Schuitze, autor de Televangelism and American Culture: 

“Los televangelistas ofrecen sus propias expresiones personalizadas sobre un evangelio que parece una adaptación de, y dirigida a, la cultura norteamericana. Para expresarlo más crudamente, la fe de algunos evangelistas es más americana que cristiana, más popular que histórica, más personal que colectiva, y más empírica que bíblica. Como resultado, la fe que ellos predican es altamente opulenta, egoísta e individualista… Estos tres aspectos de la fe del televangelismo reflejan el “Sueño Americano”, en el que un automotivado individuo supuestamente puede alcanzar grandes riquezas. También reflejan ellos el impacto del modernismo en la iglesia…”1 

Los cristianos que son prósperos de acuerdo con las normas de la sociedad son considerados también ricos espiritualmente, en tanto que a los pobres se les percibe como indigentes espirituales. Un maestro de la Fe aún llegó a decir: 

“No tan solo la preocupación es un pecado, sino que ser pobre es también un pecado, porque la promesa de Dios es la prosperidad”.2 

Los mercaderes de esta cantaleta se apuntalan en los dólares enviados por los oyentes que esperan lograr fáciles riquezas. Cuando se falla en la consecución de la riqueza, estos seguidores se desvían decepcionados del camino que ellos pensaban era el cristianismo y van en búsqueda de un nuevo gurú* en el reino de las sectas. Como muy sabiamente lo expuso el apóstol Pablo: 

“En los postreros días vendrán tiempos peligrosos… hombres amadores de sí mismos, avaros, vanagloriosos, infatuados, amadores de los deleites más que de Dios, que tendrán apariencia de piedad, pero negarán la eficacia de ella” (II Timoteo 3:1-5). 

Tomado del libro Cristianismo en Crisis. Autor: Hanegraaff Hank
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