Cuando la desidia se apodera del cristiano

Cuando la desidia se apodera del cristiano

Publicado el 20. Jun, 2009 por en Guerra Espiritual

El apóstol Pablo inspirado por El Espíritu Santo dejo registrados principios realmente poderosos de lucha espiritual en algunas de sus epístolas, en particular Efesios y Segunda Timoteo. En esas epístolas podemos notar que Pablo parece haber tenido mayor oportunidad de apreciar el significado del verdadero sacrificio que entrañaba la vocación de ser cristiano, que otros escritores del Nuevo Testamento.

Por ejemplo la preocupación de Pablo por Timoteo, su amado hijo en la fe, queda sin duda marcada por el escenario histórico en  que se desarrollaba la lucha espiritual; el cual estaba cargado de persecución contra los cristianos. Fenómeno que comenzó cuando Nerón prendió fuego a Roma y entonces enfocó las sospechas del populacho sobre los cristianos.

En medio de todo ese ambiente hostil mientras Pablo es llevado al martirio, no puede borrar de su memoria el arranque de llanto de Timoteo en su última partida (2 Timoteo 1:4) y por otro lado; obligado por las circunstancias, el débil Timoteo -con su debilidad estomacal y todo- es ahora, Timoteo el líder; y necesita toda la fortaleza y aliento posible.

Un sentido de urgencia de escribir se apodera del apóstol al pensar en Timoteo, de pie solo y sin apoyo cuando se intensifica la presión, obligando a todos los que están en Asia a que busquen asilo como si fueran venados que están siendo cazados.

Guiado por El Espíritu Santo Pablo ve sólo un curso de acción: Atacar. Él quiere que Timoteo se enfrente al enemigo con su espada desenvainada y con la armadura de Dios. Recordemos que en la lucha hay cuatro actitudes posibles: Ofensiva, defensiva, desidia y deserción. Es la primera de estas actitudes que teme nuestro adversario, porque “Satanás tiembla cuando él ve al más débil de los cristianos sobre sus rodillas”. Por lo tanto, él hará todo lo posible por poner al pueblo de Dios a la defensiva o ubicarnos en una situación de pasividad y de comodidad; finalmente lo que en resumidas cuentas el quiere es lograr atemorizarnos para que desertemos.

Satanás se lleva muy bien con los cristianos siempre que estén a la defensiva, conformes con el desarme, o desertando, por lo tanto; si estamos decididos a verle derrotado en nuestros propios corazones y en nuestra sociedad, debemos estar sólo y siempre comprometidos con la ofensiva (eso significa orar y pelear la buena batalla de la fe).

Con esto no quiero decir que necesitamos una mentalidad guerrera, por el contrario necesitamos una mente que repose tranquilamente en la victoria de Cristo, quien en última instancia es quien verdaderamente venció para siempre al enemigo de nuestras almas. Hoy en día la generación que se está levantando no tiene necesariamente la misma mentalidad acerca de la guerra ni responden de la misma forma. Fíjese en este ejemplo de las Escrituras: La generación de Josué estaba comprometida por mandato de Dios en una guerra de acción ofensiva. Pero después de Josué se levantó otra generación que “negocio” la verdad y cayo en la desidia y buscó la vida civil de coexistencia por medio de acoplarse a los estilos de vida de aquellos que aborrecían a Dios.

 
Como ocurre hoy con muchos de los que se denominan cristianos, ellos probablemente alegaron que pelear la buena batalla es innecesario y rehusaron ver que estaban borrando las distinciones entre los beneficios de su nación bajo la dirección de Dios y los males que Dios estaba exterminando por medio de ellos. Intencionalmente disolvieron el sentido de obligatoriedad a los objetivos y principios morales y, a causa de su desidia, Satanás logró infiltrarlos y corromperlos. Los santos de Dios se llegaron a caracterizar por los mismos pecados que eran el motivo de su campaña ofensiva contra los cananeos. Esta misma forma de operar esta siendo aplicada a la iglesia de hoy; donde podemos ver que la iglesia ya no se distingue del mundo; se ha convertido en una extensión mas para los deseos de la carne y de la realización personal, en lugar de poner a Dios en el lugar que le corresponde.

Las actitudes de la generación posterior a Josué son paralelas a las de la permisiva generación de nuestros días, en la cual “cada uno hacía lo que bien le parecía”. Lo que debemos temer hoy es que el espíritu que produce las tendencias del mundo invada la iglesia y se escurra en medio nuestro hasta sacarnos de la ofensiva para llevarnos a una coexistencia de acoplarnos y amoldarnos con las actitudes del mundo y que terminemos tal como el mundo, tomando lecciones de superación personal y practicando el ecumenismo.

Una iglesia permisiva es una que no confronta las acciones inmorales y destructoras del enemigo, tanto dentro como fuera de la iglesia; se ha vuelto insípida y no tiene luz… Para el verdadero cristiano, el precio de comprometerse con la causa de Cristo es demasiado alto como para abandonarse a una iglesia moderna y apostata. No hay batallas seguras; pero tampoco hay compromisos seguros… si cualquier grupo de personas que se llamen iglesia de Cristo; sigue negociando la Verdad y la desecha como la Única y Verdadera Verdad Absoluta; será arrastrada por cualquier viento de doctrina; con lo cual demostrará que nunca fue parte de la Iglesia de Cristo.

Ha llegado el momento de tratar a nuestros enemigos, a todos ellos, como enemigos; me estoy refiriendo al pecado y las huestes del mal. No vamos a ganar nuestras batallas albergando lujuria en nuestros corazones ni comprometiéndonos abiertamente con los estilos de vida del “cristianismo” ligero que hoy se predica.

Pongamos mucha atención a lo que dice el Espíritu Santo por medio de Pablo: Porque nuestra lucha no es contra sangre y carne, sino contra principados, contra potestades, contra los poderes de este mundo de tinieblas, contra las huestes espirituales de maldad en las regiones celestiales. Por tanto, tomad toda la armadura de Dios, para que podáis resistir en el día malo, y habiéndolo hecho todo, estar firmes. Efesios 6:12-13

Observemos que esta expresada en tiempo presente continuo: “Nuestra lucha no es…” No dice que fue o que será, sino que es un factor continuamente presente en nuestras vidas como cristianos. Y en nuestra lucha no hay licencia ni jubilación, por lo menos no en esta vida. El odio implacable y sutileza serpentina de nuestro adversario, el diablo, demanda que los verdaderos cristianos tengan puesta TODA la armadura de Dios para estar firmes.

 

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