La Teología de los Credos Antiguos V

La Teología de los Credos Antiguos V

Publicado el 10. Aug, 2009 por en Doctrina

Greg Uttinger

23 de Septiembre, 2002

El Segundo Concilio de Constantinopla

El Concilio de Calcedonia no libró a la iglesia de los errores Cristológicos. Ni Antioquía ni Alejandría estuvieron satisfechas con la decisión del Concilio. Los teólogos de Antioquía presionaron por la distinción de las naturalezas de Cristo y tuvieron la tendencia de favorecer al Nestorianismo. Los de Alejandría insistieron en la unidad de Su Persona y favorecieron el pensamiento Monofisista. Roma, no dada a las sutilezas del pensamiento Griego, permaneció con claridad en buena parte del debate y generalmente se alineó al lado de la ortodoxia. Los patriarcas de Constantinopla fueron algunas veces ortodoxos, a menudo fueron Monofisistas; lo mismo ocurrió con los emperadores.

Con Nestorio abiertamente condenado, los teólogos que favorecían su posición se refugiaron en los escritos de tres hombres que habían compartido su perspectiva. Estos eran Teodoro de Mopsuestia, quien había sido el maestro de Nestorio, y Teodoreto e Ibas, dos de sus amigos. Cada uno de ellos había pasado bajo el escrutinio de Calcedonia pero habían escapado, en última instancia, de su condenación. Ahora sus herederos espirituales trataban de dar a entender que el Concilio en realidad había aprobado sus obras.

Los Monofisistas golpearon esta posición neo-Nestoriana por medio del emperador. Movieron a Justiniano, quien era él mismo ortodoxo y devoto, a condenar a Teodoro y ciertos escritos de Teodoreto e Ibas. Los Monofisistas esperaban aparecer como los campeones de la ortodoxia y encontrar en última instancia una manera de reconciliar el lenguaje de Calcedonia con su propia posición. Pero el decreto de Justiniano fomentó más controversia de la que resolvió. Finalmente, con la esperanza de restaurar la unidad en la iglesia y en el imperio, convocó un quinto concilio ecuménico en Constantinopla en el año 553.

En una serie de catorce anatemas el Segundo Concilio de Constantinopla rechazó el nuevo Nestorianismo, aprobó la expresión “unión hipostática” (VIII), y confesó que “nuestro Señor Jesucristo quien fue crucificado en la carne es Dios verdadero” (X). Incluso sancionó la frase Alejandrina “una naturaleza encarnada de Dios el Verbo” (VIII), pero lo hizo en un contexto que rechazaba cualquier confusión de lo humano y lo divino en Cristo:

Pues al decir que el Verbo unigénito fue unido por la hipóstasis [personalmente] no queremos decir que hubo una confusión mutua de naturalezas, sino que más bien entendemos que el Verbo fue unido a la carne, permaneciendo cada [naturaleza] una como lo que era.1

El Concilio clarificó la intención de Calcedonia y, en términos de esas clarificaciones, anatemizó los escritos de hombres fallecidos hacía ya mucho y, en el caso de Teodoro, el hombre mismo. Mientras muchos, ahora y entonces, hubiesen querido que el Concilio dejara los muertos a Dios, los obispos de Constantinopla no reconocieron puertos neutrales para los enemigos de la Fe, ni siquiera la muerte. El evangelio estaba en juego, y el Concilio escogió la lealtad a Cristo por encima de la cortesía para con los difuntos.

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1 John Leith, Credos de la Iglesia (Atlanta: John Knox Press, 1973), 49. Las expresiones en corchetes

aparecen en la obra de Leith.

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