Publicado el 31. ago, 2009 por admin en La Iglesia Emergente
El espíritu que predomina en nuestros tiempos, es aquel que incita a que todo debe cambiar, y uno de los movimientos más acoplados a este espíritu es la Iglesia Emergente la cual se opone rotundamente a los principios bíblicos y se concentra en destruir el texto del lenguaje bíblico, redefiniendo las palabras y reinterpretando los textos para decir lo que ellos quieren interpretar. Las Escrituras no tienen ningún valor real para los emergentes porque no la ven ni reconocen como inspiración divina, tampoco creen que su narrativa y sus proposiciones se conectan con la verdad y la realidad.
La IE enfatiza de formas muy sutiles y en muchas ocasiones de formas muy claras que los cristianos tenemos que ser sensitivos a la cultura en la que vivimos, y por lo tanto debemos modernizar nuestros métodos para alcanzar a las personas de nuestra actualidad, no importa si para lograr ese “objetivo” se tenga que alterar el Evangelio para acomodarlo al concepto de cualquier cultura. No olvidemos que tanto el método como la forma de comunicar el Evangelio están claramente estipuladas en la Palabra de Dios, no podemos ni debemos negociar la Verdad de Dios, en ese sentido este movimiento representa una influencia mortal dentro de la iglesia y requiere una actitud firme de rechazo de parte de los que reconocemos sus efectos demoníacos.
Por otro lado hay quienes piensan que los que rechazamos esas formas de pensar nos equivocamos y somos llamados detractores, porque fallamos según ellos en considerar que el evangelio se puede entender y vivir de acuerdo a una determinada cultura o contexto. Para ellos nosotros deberíamos releer el evangelio y tratar de no tener una mirada objetiva a lo que en realidad significa ser cristiano ni una interpretación infalible de la Biblia. Se nos acusa de citar textos bíblicos en contra del movimiento como si tuviéramos la interpretación de aquellos textos como la única válida; es decir un texto bíblico según ellos, puede ser interpretado de varias maneras, todo es cuestión de acomodarlo a la época y a las circunstancias.
Todo esto no es más que una muy buena estratagema de hombres corruptos de entendimiento, réprobos en cuanto a la fe, los cuales nunca llegaron al conocimiento de la verdad y están todo el tiempo aprendiendo (2 Timoteo 3:7-8). Lo que verdaderamente se encuentra en juego detrás de todo los argumentos presentados por los defensores de la IE es la naturaleza de la verdad. Ellos se preguntan una y otra vez: ¿Podemos realmente conocer lo que es la verdad? ¿Hemos llegado a conocer ya lo que es la verdad? La mayoría de los emergentes no creen que podemos conocer la verdad o que ya tengamos TODA la verdad. Esta misma pregunta se hizo Pilatos cuando estaban a punto de crucificar a Jesús, él tenía a la Verdad frente a sí mismo y no pudo ver, ni reconocer la Verdad, esto es lo mismo que les está ocurriendo a los emergentes y a todos sus seguidores. En palabras del mismo Señor Jesús:
Le dijo entonces Pilato: ¿Luego, eres tú rey? Respondió Jesús: Tú dices que yo soy rey. Yo para esto he nacido, y para esto he venido al mundo, para dar testimonio a la verdad. Todo aquel que es de la verdad, oye mi voz.
Una vez más el testimonio de la Escritura es muy claro y contundente; si no eres de la verdad no puedes oír y por tanto conocer la Verdad. Es muy triste ver como los hombres en su búsqueda desesperada de la Verdad están dispuestos a comprar una mentira como Adán y Eva en el principio, y no solo eso; sino que están dispuestos a despreciar y negar la verdad como Pilato. No importa si te lavas las manos o no, si no puedes ver la verdad terminaras crucificando una vez más al Hijo de Dios (como si eso fuera posible):
Porque es imposible que los que una vez fueron iluminados y gustaron del don celestial, y fueron hechos partícipes del Espíritu Santo, y asimismo gustaron de la buena palabra de Dios y los poderes del siglo venidero, y recayeron, sean otra vez renovados para arrepentimiento, crucificando de nuevo para sí mismos al Hijo de Dios y exponiéndole a vituperio. Hebreos 6:4-6.
D. A. Carson en su libro “Becoming Conversant with the Emerging Church”, se encuentra convencido que el problema principal de la iglesia emergente es un desequilibrio entre la verdad de las Escrituras y las experiencias personales:
“Una buena parte de la discusión de este libro podría ser clasificada como un debate entre las afirmaciones de la verdad y las afirmaciones de la experiencia. Desde el lado del movimiento emergente, el evangelicalismo tradicional parece ser muy duro e inflexible, debido a que constantemente piensa en categorías de lo que es la verdad y no percibe el lugar legítimo de las experiencias…. Desde la perspectiva de los cristianos tradicionales, los cristianos emergentes pueden parecer estar tan comprometidos a las nuevas experiencias y evaluaciones subjetivas, que la verdad fácilmente puede ser ignorada”. (Carson, p. 218, Zondervan, 2005).
Por otro lado, creemos que existe algo mucho más profundo que lo que Carson define como la raíz del problema (la verdad vs. las experiencias personales).
Creemos que el problema principal de la IE es un muy sutil y claro ataque hacia la autoridad, inherencia e infalibilidad de las Escrituras. Es decir si ellas no son la última autoridad para nuestra fe y práctica, entonces no contamos con ningún fundamento seguro sobre el cual edificar nuestras vidas para el presente y mucho menos para el futuro ni que decir de la eternidad. Como podemos ver, esto es realmente lo que está en juego. La pregunta más importante sigue quedando en pie: ¿Podemos confiar total y absolutamente en lo que revelan y enseñan las Escrituras? La respuesta rotunda a esta pregunta es un SI completo.
Carson concluye su libro con unas fuertes palabras de reprensión para los líderes y seguidores de la iglesia emergente:
“¿Qué es lo que vamos a escoger entonces? ¿La experiencia o la verdad? ¿El ala izquierda o el ala derecha de un avión? ¿El amor o la integridad? ¿El estudio o el servicio? ¿El evangelismo o el discipulado? ¿Las llantas delanteras de un auto o las traseras? ¿El conocimiento subjetivo o el objetivo? ¿La fe o la obediencia?
La verdad es que Jesucristo es el Señor de todo, de la iglesia y de nuestras experiencias. Por eso La Biblia insiste en que debemos llevar todo pensamiento cautivo a la obediencia a Cristo (2 Corintios 10:5). En ese sentido hacemos bien en rechazar y condenar todas las falsas enseñanzas que se vierten sobre el evangelio de Cristo, pues ellas solo generan dioses falsos, perpetúan ídolos en los corazones del ser humano, tuercen y distorsionan las almas y pretenden lanzar a la iglesia hacia un péndulo violento cuyas oscilaciones tienen cierto éxito en dividir a los hermanos y hermanas en Cristo. Sin embargo no podemos ni debemos sacrificar la Verdad en pro de la unidad.
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Tags: Emergentes, Iglesia Emergente
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