¿Entonces quienes son los que creen?
Publicado el 16. Sep, 2009 por admin en ¿Qué es la salvación?
Dicho todo esto, ya podemos entender con más claridad todo lo que tiene que ver con la acción de creer en Cristo, aquí tenemos otro tema muy relevante y de vital importancia y tiene que ver con la fe, la Biblia afirma que la fe es un don de Dios, no es algo que el hombre posea en si mismo:
(Eph 2:8) Porque por gracia habéis sido salvados por medio de la fe, y esto no de vosotros, sino que es don de Dios;
(Eph 2:9) no por obras, para que nadie se gloríe.
Esto nos lleva a considerar el siguiente punto vital en la doctrina de la salvación, para eso necesitamos meditar en los siguientes versículos:
(Joh 6:37) Todo lo que el Padre me da, vendrá a mí; y al que viene a mí, de ningún modo lo echaré fuera.
(Joh 6:44) Nadie puede venir a mí si no lo trae el Padre que me envió, y yo lo resucitaré en el día final.
(Joh 6:65) Y decía: Por eso os he dicho que nadie puede venir a mí si no se lo ha concedido el Padre.
(Joh 15:16) Vosotros no me escogisteis a mí, sino que yo os escogí a vosotros, y os designé para que vayáis y deis fruto, y que vuestro fruto permanezca; para que todo lo que pidáis al Padre en mi nombre os lo conceda.
Estos versículos así como otros que ya hemos analizado en este estudio nos muestran por lo menos tres verdades fundamentales y son las siguientes:
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Toda persona que el Padre le da a Cristo, Cristo lo recibe y no lo rechaza.
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Ninguna persona por voluntad propia puede venir a Cristo si el Padre no lo lleva a Cristo.
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No hay una sola persona que pueda decir que por voluntad propia escogió a Cristo.
Esta gran verdad nos deja ver que Dios es totalmente soberano en el proceso de salvación, Dios en la eternidad pasada escogió a los que serian herederos de la salvación es por eso que la fe también es un regalo de Dios, un ejemplo muy claro de esta gran verdad lo vemos en el libro de los Hechos:
(Hechos 16:14) Y estaba escuchando cierta mujer llamada Lidia, de la ciudad de Tiatira, vendedora de telas de púrpura, que adoraba a Dios; y el Señor abrió su corazón para que recibiera lo que Pablo decía.
No fue ella quien abriera su entendimiento para recibir el evangelio predicado por el apóstol Pablo, sino que fue Dios mismo quien lo hizo. De modo pues que la salvación de una persona no depende de los esfuerzos u obras que esa persona haga para su salvación, sino que no solo es iniciada por Dios sino también es completada y finalizada por Dios, la garantía de la salvación no radica en nuestros esfuerzos sino el la Voluntad de Dios y en Sus propósitos eternos:
(Php 1:4) orando siempre con gozo en cada una de mis oraciones por todos vosotros,
(Php 1:5) por vuestra participación en el evangelio desde el primer día hasta ahora,
(Php 1:6) estando convencido precisamente de esto: que el que comenzó en vosotros la buena obra, la perfeccionará hasta el día de Cristo Jesús.
En la epístola a los Romanos también podemos leer lo siguiente: “Pues a Moisés dice: Tendré misericordia del que yo tenga misericordia, y me compadeceré del que yo me compadezca. Así que no depende del que quiere, ni del que corre, sino de Dios que tiene misericordia” (Romanos 9:15–16)
¿Entonces, por qué hay personas que se apartan?
Una pregunta muy valida cabe en la escena y es la siguiente: ¿Por qué entonces muchas personas se vuelven a sus malos caminos y pierden su salvación?
Según todo lo que hemos aprendido hasta ahora, no hay forma de que alguien que Dios elija para ser heredero de salvación no alcance el propósito y la meta que Dios se ha propuesto para esa persona, eso quiere decir que la pregunta esta mal formulada en un sentido y es que no podemos asumir después de toda las garantías que Dios nos da que alguna persona que Dios a elegido pierda su salvación, lo que realmente ocurre es lo que el mismo Señor Jesús explico durante su ministerio terrenal:
(Mat 13:18) Oid, pues, vosotros la parábola del que siembra:
(Mat 13:19) Oyendo cualquiera la palabra del reino, y no entendiéndola, viene el malo, y arrebata lo que fué sembrado en su corazón: éste es el que fué sembrado junto al camino.
(Mat 13:20) Y el que fué sembrado en pedregales, éste es el que oye la palabra, y luego la recibe con gozo.
(Mat 13:21) Mas no tiene raíz en sí, antes es temporal que venida la aflicción ó la persecución por la palabra, luego se ofende.
(Mat 13:22) Y el que fué sembrado en espinas, éste es el que oye la palabra; pero el afán de este siglo y el engaño de las riquezas, ahogan la palabra, y hácese infructuosa.
(Mat 13:23) Más el que fué sembrado en buena tierra, éste es el que oye y entiende la palabra, y el que lleva fruto: y lleva uno á ciento, y otro á sesenta, y otro á treinta.
Estos son por lo menos los cuatro tipos de personas que podemos encontrar dentro de toda iglesia y solo una es un verdadero creyente; lo cual nos enseña que no todo el que dice creer, realmente ha creído, tal y como lo explica la parábola del sembrador.
Por eso Cristo dijo lo siguiente:
(Mat 7:16) Por sus frutos los conoceréis. ¿Cógense uvas de los espinos, ó higos de los abrojos?
(Mat 7:17) Así, todo buen árbol lleva buenos frutos; mas el árbol maleado lleva malos frutos.
(Mat 7:18) No puede el buen árbol llevar malos frutos, ni el árbol maleado llevar frutos buenos.
(Mat 7:19) Todo árbol que no lleva buen fruto, córtase y échase en el fuego.
(Mat 7:20) Así que, por sus frutos los conoceréis.
(Mat 7:21) No todo el que me dice: Señor, Señor, entrará en el reino de los cielos: mas el que hiciere la voluntad de mi Padre que está en los cielos.
(Mat 7:22) Muchos me dirán en aquel día: Señor, Señor, ¿no profetizamos en tu nombre, y en tu nombre lanzamos demonios, y en tu nombre hicimos mucho milagros?
(Mat 7:23) Y entonces les protestaré: Nunca os conocí; apartaos de mí, obradores de maldad.
Sumado a esto tenemos en 1 de Juan 2:19 leemos lo siguiente:
Salieron de nosotros, mas no eran de nosotros; porque si fueran de nosotros, hubieran cierto permanecido con nosotros; pero salieron para que se manifestase que todos no son de nosotros.
La señal de un verdadero creyente esta en la palabra permanecer, todo aquel que ha sido escogido para salvación permanecerá unido a Cristo:
(Juan 6:56) El que come mi carne y bebe mi sangre, en mí permanece, y yo en él.
(1 Juan 3:24) Y el que guarda sus mandamientos, está en él, y él en él. Y en esto sabemos que él permanece en nosotros, por el Espíritu que nos ha dado.
Si te interesa conocer todo este tema de la salvación, te recomendamos que sigas la serie desde el principio:
¿Cómo sabes que eres salvo?
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