Publicado el 29. Jun, 2010 por admin en Proyecto - El Evangelio
La confusión abunda, tanto con respecto al contenido como a la presentación del Evangelio de la gracia de Dios. Algunos no lo presentan puramente; otros no lo presentan claramente; y aun otros no lo presentan sinceramente. Pero debido a que Dios es bondadoso, El a menudo concede luz y fe a pesar de nuestro testimonio impreciso.
I. ALGUNAS FALACIAS EN LA PRESENTACION DEL EVANGELIO
A. La falacia de que el Evangelio concierne a otra cosa que no sea primordialmente el pecado
No puede haber buenas nuevas para la persona que no siente la necesidad de buenas nuevas. Y no puede sentirse la necesidad sin alguna conciencia del pecado. Por supuesto, el pecado tiene muchos síntomas que pueden alertar a un individuo del problema básico, el pecado. Por lo tanto, una presentación del Evangelio puede enfocar la carencia de gozo o de paz o la necesidad de ayuda en resolver problemas, pero esos son síntomas del pecado que separa de Dios. Sin embargo, uno sí necesita ser salvo para poder tener gozo o paz o la solución de los problemas. Necesita ser salvo para tener el perdón de pecados. Carencia de gozo no es lo que excluye a las personas del cielo. Es el pecado. El Evangelio creído resuelve el problema del pecado.
B. La falacia de que hay diferentes evangelios para grupos de diferente edad
No hay un evangelio para niños, otro para jóvenes, y aun otro para adultos, y otro para personas sin iglesia, mientras que otro para personas familiarizadas con la iglesia. Hay un solo Evangelio. Puede haber diferentes formas de explicar el Evangelio a diferentes grupos, pero a no ser que el contenido sea igual, esas formas diferentes pueden crear diferentes evangelios. Se puede emplear vocabulario diferente, pero esas palabras diferentes tienen que comunicar el mismo Evangelio.
C. La falacia de que la verdad se halla en otra cosa que no sea la Palabra de Dios
La experiencia puede confirmar o negar la verdad, pero no crea verdad infalible. Tampoco lo hace la arqueología. Ni la profecía cumplida; porque las profecías de la Biblia eran verdad antes que se cumplieran. Ni tampoco la apologética. Estas perspectivas tienen su lugar, pero sólo en la Palabra tenemos verdad absoluta. Como los apóstoles, tenemos que predicar la Palabra (Hechos 13:5) y razonar de acuerdo a las Escrituras (17:2–3).
D. La falacia de que la sagacidad convencerá
Si el ministerio de convencimiento del Espíritu Santo consiste en poner la verdad del Evangelio delante de la persona que no es salva de manera tan clara que ésta tenga que reconocerlo como la verdad (créalo o no), entonces esto tiene que ser hecho por el Espíritu, no por sagacidad humana. Por supuesto, nuestra presentación debe ser bien preparada y presentada, pero estos factores por sí mismos no garantizan que cualquiera sea convencido. Eso lo tiene que hacer Dios.
E. La falacia de que el atractivo personal asegurará resultados
En lo que respecta a nosotros, no debemos ofender con nuestra forma de vestir, de hablar, o de comportamiento cultural, pero desde el momento en que anunciamos el Evangelio tomamos sobre nosotros la ofensa de la cruz (Gálatas 5:11). El mensaje es una piedra de tropiezo; el mensajero no debiera serlo. Pero aunque no lo sea, esto no garantizará resultados. El atractivo personal no convierte a las personas.
F. La falacia de que los métodos producen conversiones
Los procedimientos sí producen resultados, pero los resultados no siempre equivalen a conversiones. La presión puede lograr resultados; la música puede hipnotizar; el arreglo del recinto puede fascinar; y las historias pueden conmovernos; pero ninguna de estas cosas necesariamente trae conversiones. Una buena prueba para cualquier mensaje del Evangelio es esta: El que hablaba dio a sus oyentes algo que creer, no si les dio algo que hacer.[1]
[1]Ryrie, C. C. (2003). Teologı́a básica (382). Miami: Editorial Unilit.
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alicia
17. Aug, 2011
Gracias hermanos, por su ministerio y dedicación
Dios los bendiga