La Homosexualidad 2 – A la sombra de Sodoma

La Homosexualidad 2 – A la sombra de Sodoma

Publicado el 23. feb, 2011 por en Homosexualidad

Una nota más sobre la denuncia que Pablo hace de la homosexualidad en Romanos 1. Debiese ser evidente, incluso para el lector casual, que Pablo tenía la intención de decir mucho más que el solo decir que las prácticas homosexuales se hallaban bajo la ira y maldición de Dios. Los deseos internos de contacto erótico por parte del homosexual con personas de su mismo género son igualmente censurados por el Apóstol. Después de todo esto es lo que un lector de la Biblia esperaría que el texto dijera. Cuando la Escritura condena alguna conducta externa, de igual manera condena el deseo del corazón de ir en pos de esa conducta pecaminosa – por ejemplo, la amonestación de Jesús a sus oyentes en cuanto a la lujuria, que es “adulterio en el corazón” (Mateo 5:28).

En otra parte el Señor declaró que “del corazón salen los malos pensamientos, los homicidios, los adulterios, las fornicaciones,” etc. (Mateo 15:19). De manera similar Pablo denuncia severamente las prácticas homosexuales, pero extiende este juicio a los motivos y deseos internos que conciben y también producen tales prácticas (cf. Santiago 1:14-15). El objeto de esta desaprobación moral no son simplemente los “hechos indecorosos” del homosexual (v. 27).

También menciona específicamente que los homosexuales están “encendidos de lascivia” los unos por los otros (v. 27) y los condena por sus “deseos impuros” (v. 25) y sus “pasiones vergonzosas” (v. 26). Tales afecciones viles son puestas explícitamente por Pablo bajo la santa ira de Dios.

Por tanto, nuestra lectura del testimonio Bíblico en Romanos 1 ciertamente no nos inclinará en la dirección de pensar que Dios toma una actitud tolerante hacia la homosexualidad. Hemos visto que allí Pablo presenta la  homosexualidad, tanto en la práctica externa como en su deseo interno, como la ilustración que va a la cabeza de la condición depravada de la cultura incrédula. Pablo reitera la perspectiva del Antiguo Testamento, encontrando la condena de la homosexualidad en el testimonio de la creación del hombre (cf. “naturaleza”), en el testimonio de la historia (e.g., Sodoma), y en el testimonio de la ley moral (“la ordenanza de Dios”).

Pablo confirma el carácter despreciable de esta perversión sexual y declara el juicio de Dios de condena a muerte sobre ella. Como lo digo en mi libro, La Homosexualidad: Una Visión Bíblica, “Debiésemos concluir con sobriedad que la sociedad moderna, lo mismo que la iglesia moderna, se hallan ambas peligrosamente cercanas a la retribución divina a medida que continúan tolerando y aprobando la homosexualidad. La ‘liberación gay’ es sintomática de una cultura abandonada por Dios a la destrucción y de una iglesia que provoca al Señor con abominación.”

Pasando por Alto lo Obvio

Todo esto hasta aquí, creo yo, debiese ser claro a partir de la lectura de la palabra de Dios. Por tanto, pareciera algo forzado e inútil cuando algunos escritores, comenzando con D. S. Bailey, empezaron a sugerir que la Biblia en realidad no contiene el mensaje negativo contra la homosexualidad que los Cristianos han pensado tradicionalmente. Los defectos en el análisis de Bailey de los textos Bíblicos relevantes eran lo suficientemente fáciles de identificar, como indiqué en un trabajo universitario escrito sobre el tema a finales de los 1960s.

Pero los 1960s fueron también la era de la revolución cultural en América – la contracultura, la cultura de la droga, el movimiento anti-bélico, las marchas de los derechos civiles por la igualdad racial, la liberación de la mujer, la píldora, la cultura del “amor” y la revolución sexual, etc. Trajo con ella una ola de oposición popular a los valores establecidos y las costumbres tradicionales, y los clérigos (como siempre) no iban a perder la oportunidad de montar ellos mismos la ola.

Sin embargo, en el forcejeo en busca de la libertad y la autonomía sexual, no habría un alto a la revolución hasta el punto de afirmar los valores Playboy de la promiscuidad heterosexual. Cuando se trataba el tema de la satisfacción sexual, esta iba a ser una puerta abierta para el relativismo moral: “diferentes estilos para diferentes personas.” Para ser consistentes, la libertad y la auto gratificación sexual, debían significar libertad para practicar lo que previamente se había pensado que era una perversión moral: la homosexualidad.10 Si había una creciente agitación por el orgullo y la aceptación gay, sin mencionar las campañas para establecer la homosexualidad como un “derecho civil,” aquellos que usaban visiblemente el manto religioso en nuestra cultura estuvieron también contentos de incursionar en el liderazgo (y hasta llevar la luz fuera del armario).

De este modo desde mediados hasta finales de los 1970s se vio que apareció una erupción de libros que retomaban el tema donde Bailey lo había dejado, argumentando que la Biblia no condenaba después de todo, después de una lectura “corregida,” la homosexualidad que se había puesto casualmente de moda culturalmente casi al mismo tiempo.11 Especialmente digno de destacar fue el libro de John J. McNeill (un sacerdote Jesuita), titulado La Iglesia y el Homosexual.12 Pero hubo muchos otros que iban a seguir: por ejemplo Jonathán Amó a David: La  Homosexualidad en los Tiempos Bíblicos por Thomas Horner, o ¿Es el Homosexual mi Prójimo? Otra Visión Cristiana por Letha Scanzoni y Virginia Mollenkott.

Un ejemplo representativo de cómo los autores revisionistas desde Bailey en adelante han intentado desafilar el testimonio Bíblico contra la homosexualidad se encuentra en el tratamiento dado portales autores al registro Bíblico de la destrucción de Sodoma en Génesis 19. Podemos volvernos a ella para entender la manera en que la Escritura es a menudo torcida por aquellos que se acercan a ella con una agenda homosexual en mente.15 Leemos en Génesis 18 que Jehová consideró que el pecado de Sodoma y Gomorra era “muy grave en extremo” (vv. 20-21), lo suficiente como para que contemplara “consumir” el lugar (v. 23).

Mientras dos ángeles eran enviados a la región, Abraham le suplicó exitosamente a Dios que no destruyera la población de Sodoma, donde vivía Lot el sobrino de Abraham, si se encontraran en ella unos pocos, como diez, hombres justos (v. 32). El capítulo 19 se inicia relatándonos que los dos ángeles llegaron a Sodoma al atardecer, donde fueron saludados por Lot “en la puerta,” quien los convenció de no pasar la noche en la plaza abierta de la ciudad sino que, en lugar de eso, vinieran a su casa a alojarse con su familia (vv. 1-3).

Posteriormente los hombres de Sodoma rodearon la casa de Lot y exigieron que los dos huéspedes fueran sacados para que los Sodomitas pudieran “conocerlos” (v. 5, el verbo Hebreo es yadha). Finalmente la respuesta divina fue golpear a los hombres de la ciudad con ceguera y la destrucción de la ciudad con fuego y azufre (vv. 11, 23-25).

En posteriores referencias Bíblicas a Sodoma leemos que había pecados adicionales de la ciudad que desagradaban al Señor (e.g., Ezequiel 16:49-50); de hecho la ciudad es tenida como “ejemplo a los que habían de vivir impíamente,” como leemos en 2 Pedro 2:6 – lo cual se ejemplifica con Jerusalén al decir de ella que “sentido espiritual se llama Sodoma” (Apocalipsis 11:8). Aunque una maldad general caracterizaba a Sodoma, no se puede ocultar el hecho de que el deseo de los Sodomitas de “conocer” a los huéspedes de Lot es el pecado manifiesto
presentado en Génesis 19 y la confirmación específica de que la ciudad era digna de devastación (cf. 19:13 con 18:21).

¿Cuál era esta marca de la degradación y rebelión de la ciudad en contra de Dios? Aún cuando el verbo Hebreo puede ser usado para relaciones sexuales (e.g., Génesis 4:1), los revisionistas nos dicen que yadha no es la palabra normal usada para las relaciones homosexuales (shakhabh), de modo que debiese ser tomada en el sentido ordinario de conocer algo – “estar al corriente de.” La teoría sigue diciendo que, como residente extranjero en Sodoma Lot era responsable de presentar a cualquier invitado a los habitantes y permitir que los ciudadanos establecidos examinaran sus credenciales. Esa es la razón por la cual los Sodomitas pidieron “conocer” a los visitantes de Lot; simplemente querían estar al tanto de ellos.

Sin embargo, en la mente Semítica, un extraño tenía el derecho a una recepción hospitalaria, y esta no fue dada a los huéspedes de Lot por parte de los Sodomitas. De ese modo el pecado de los Sodomitas es reinterpretado como el de la inhospitalidad hacia los visitantes (cf. Lucas 10:10-13). Es decir que hemos de creer que por una falta de cortesía social el Señor Dios redujo la ciudad a cenizas. Tal disparidad entre la ofensa y su penalidad es más bien difícil de creer desde el principio, pero de cualquier modo la interpretación revisionista de la historia no va a soportar el serio escrutinio literario.

En primer lugar Lot no era simplemente un residente extranjero en la ciudad de Sodoma. Era una figura social prominente para ser descrito como uno “sentado a la puerta” – un modismo para hacer alusión al liderazgo comercial o judicial. Lot conocía muy bien el carácter moral de la ciudad, tanto que estaba alarmado ante la posibilidad de que los visitantes pasaran la noche en un lugar público.

Les rogó insistentemente a aceptar el alojamiento en su hogar. Cuando más tarde todos los hombres de la ciudad vinieron y rodearon su casa, Lot no respondió a su petición como si fuese un procedimiento civil de rutina de inspección de credenciales. (¿Requería tal cosa que “todo el pueblo junto, desde el más joven hasta el más viejo” [v. 4] realizaran el equivalente de una simple revisión de pasaporte?) Al contrario, Lot, a manera de defensa, cerró la puerta de su hogar y calificó la petición de “conocer” como una gran maldad (vv. 6-7).

Requiere una extraña línea de razonamiento el ver (1) cómo un simple deseo de los habitantes de estar al corriente de algo sea una infracción de hospitalidad, (2) cómo sería visto como algo seriamente perverso a la luz de las costumbres de la ciudad conocidas por Lot, y (3) cómo sería algo tan vil como para justificar un dramático castigo divino.

Además, dada la interpretación revisionista, ¿qué explicaría la oferta de Lot de sustituir a sus hijas (v. 8) como aquellas a quienes los hombres de la ciudad pudieran llegar a “conocer”? Con seguridad que los ciudadanos ya estarían familiarizados con ellas, y su comparecencia no haría nada para impedir la infracción de hospitalidad a los huéspedes de Lot.

Los revisionistas sugieren que el ofrecimiento de sus hijas por parte de Lot era un soborno sexual, diseñado para desviar la atención de los ciudadanos del protocolo aceptado en la población respecto a los visitantes. Esto es psicológicamente increíble. En primer lugar, ¿por qué se opondría Lot a presentar a sus invitados a los hombres de la ciudad? Además, note que el enfoque revisionista requiere que interpretemos el ofrecimiento de Lot de sacar a sus hijas “quienes no habían conocido varón” como precisamente un soborno sexual, tomando la palabra Hebrea yadha como una referencia al acto sexual en el v. 8.

Aunque, en ese caso, la misma interpretación se le debiera dar también al verbo en el contexto inmediato del v. 5 – que es precisamente lo que los revisionistas estaban buscando evitar. Es bastante claro, en base a una lectura consistente del pasaje, que los hombres de Sodoma estaban buscando relaciones sexuales con los huéspedes de Lot, “conocerlos.”

Lot entendió claramente los propósitos homosexuales de sus malvados vecinos e hizo su propia contraoferta (injusta, pero contextualmente apropiada) para dejar que los hombres de la ciudad hicieran como quisieran con sus hijas, quienes aún no habían “conocido” (tenido relaciones sexuales) varones.

No hay indicación el registro de Génesis 19 de algún propósito asesino por parte de los Sodomitas, ni hay evidencia de que tuvieran en mente la violación homosexual (como si anticiparan la resistencia de los huéspedes de Lot). Los revisionistas que importan connotaciones de violencia y las introducen en el relato están simplemente introduciéndole al texto lo que más tarde quieren encontrar. Simplemente no podemos evadir la obvia conclusión de que Dios devastó las ciudades de la llanura con una catástrofe debido a la homosexualidad de los Sodomitas.

Las sugerencias de los revisionistas son intentos desesperados por explicar la ira del Señor hacia los Sodomitas. Es especulación pura e infundada el sostener que fueron castigados por una infracción a la etiqueta, o por desear violar y/o asesinar a los huéspedes, o para un rito idolátrico de fertilidad (del cual la homosexualidad era una parte), o incluso por una transgresión intentada de las fronteras entre los hombres y los ángeles. No hay ni la más mínima pista textual de que los hombres de Sodoma reconocieran el carácter sobrenatural de los huéspedes de Lot.

2 Pedro 2:6-8 confirma que Sodoma fue totalmente destruida porque era una ciudad llena de homosexuales que practicaban su libertinaje sensual e impío día tras día. A diferencia de muchos cristianos en nuestra era secularizada, Lot estaba continuamente horrorizado y rechazaba (“estar enfadado, atormentado”) por los hechos “inicuos” de los Sodomitas – una referencia al hecho que los Sodomitas estaban violando el mandamiento de Dios. Aún cuando Sodoma no era el pueblo elegido de Dios como los Judíos y no había recibido una revelación escrita de la ley de Dios, eran responsables de la misma restricción moral que se encuentra en Levítico 18:22 y 20:13. Violaron la “ley” que se encontraba muy profundo en sus corazones (Romanos 2:14-15) que les decía que aquellos que infringen tales cosas como la homosexualidad son “dignos de muerte” (Romanos 1:32).

La palabra de Dios es su mejor intérprete. No solamente 2 Pedro 2:6-8 aclara como debiésemos entender el pecado de los Sodomitas en Génesis 19, lo mismo hace la referencia a Sodoma en Judas verso 7. Los Sodomitas fueron condenados, enseña Judas, por violar el orden de la creación de Dios con respecto a la sexualidad (cf. “contra la naturaleza” en Romanos 1:26).

Es precisamente la antinaturalidad del vicio practicado por los Sodomitas que Judas enfatiza como la razón para la manifestación extrema de la ira divina. Los Sodomitas son descritos como “cometiendo fornicación y yendo tras carne extraña [diferente].” El verbo Griego ekporneuein es intensivo, denotando una forma de inmoralidad sexual extravagante. El participio apelthousai añade una intensificación adicional y conlleva el sentido de un abandono total a la impureza. Se dice que el objeto de esta forma extrema de fornicación es la “carne diferente” (sarkos heteras) – diferente de la norma establecida por Dios en la creación, siendo del mismo género en lugar del género opuesto. Fue por este tipo “diferente” de relaciones sexuales que Sodom
a fue colocada bajo la terrible venganza de Dios.

La aproximación revisionista a la Escritura fomentada por Bailey y otros simplemente no va a resistir el análisis cruzado comparativo basado en el texto de la misma Escritura.

Continúa Leyendo el siguiente artículo: Tercera Parte


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