Guerra contra la razón – 3ra Parte
Publicado el 28. feb, 2011 por admin en Historia Iglesia
El existencialismo invade la iglesia
Pero la influencia del existencialismo no se limita al mundo secular. Desde que Kierkegaard casara las ideas existencialistas con el cristianismo, el resultado inevitable fue la teología “Neo-ortodoxa”.
Neo-ortodoxia es el término utilizado para identificar una variedad existencialista del cristianismo. Niega la base objetiva de la verdad esencial, que es la verdad absoluta y la autoridad de las Escrituras Por eso la Neo-ortodoxia debe ser entendida como un Pseudo-cristianismo. Tuvo su apogeo en la mitad del siglo XX con Karl Barth, Emil Brunner, Paul Tillich y Reinhold Niebuhr. Ellos se hicieron eco de la palabra y el pensamiento de Kierkegaard: hablan de la primacía de la “autenticidad personal”, y minimizan o niegan la importancia de la verdad objetiva. Barth, el padre de la Neo-ortodoxia, reconoce explícitamente su deuda con Kierkegaard. (7)
La actitud neo-ortodoxa hacia la Escritura es un microcosmos de la filosofía existencialista entera: la Biblia misma no es objetivamente la Palabra de Dios, pero “se hace” Palabra de Dios cuando me habla a mí de forma individual. En la Neo-ortodoxia, el subjetivismo se superpone a todas las doctrinas del cristianismo histórico. Se emplean palabras conocidas, pero se redefinen o se usan a propósito de un modo vago, no para transmitir su significado objetivo, sino para comunicar un cierto simbolismo, que es subjetivo, y así debe interpretarse. Después de todo, cualquier “verdad” expresada en términos teológicos es aplicable sólo al creyente. Lo que la Biblia dice objetivamente ya no tiene importancia. “¿Qué significa para mí?” es el tema relevante. Todo esto viene de Kierkegaard, de su rotundo concepto de “verdad que es cierta para mí.”
El lenguaje de los teólogos neo-ortodoxos a menudo suena como si reafirmaran las creencias tradicionales, pero su sistema difiere radicalmente de la fe cristiana tal como fue la comprendida en la Historia del Cristianismo. Y al negar la objetividad de la verdad, toda la teología queda relegada al reino del relativismo más subjetivo. Es la teología perfectamente adecuada para la edad en que vivimos; y por eso es tan mortal, precisamente.
The God Who Is There, de Francis Schaeffer (1968) trae un análisis muy perceptivo de la influencia de Kierkegaard, tanto en el pensamiento actual como en la Teología moderna. (8) Hay una frontera entre la racionalidad y la irracionalidad, que Francis Schaeffer llama “la línea de la desesperación.” El existencialismo, explica, empujó al pensamiento secular por debajo de esta línea o umbral, en algún momento del siglo XIX. La Neo-ortodoxia religiosa fue simplemente la versión tardía de los teólogos que se subieron al carro existencialista, siguiendo la corriente del arte secular, de la música y de la cultura general. “La Neo-ortodoxia no nos dio una respuesta nueva. Lo mismo que la filosofía existencialista ya había dicho en lenguaje secular, ahora se nos dice en lenguaje teológico. […] La teología también ha pasado por debajo de la raya de la desesperación.” (9)
Schaeffer analiza cómo en última instancia la neo-ortodoxia da paso al misticismo radical: “Karl Barth abrió la puerta para el salto existencialista en la teología … y ha sido seguido por muchos más, como Reinhold Niebuhr, Paul Tillich, el obispo John Robinson, Alan Richardson y todos los nuevos teólogos. Pueden diferir en detalles, pero su lucha sigue siendo la misma: es la lucha del hombre moderno que ha renunciado a la racionalidad. En cuanto a los teólogos… su nuevo sistema no está abierto a la verificación, debe ser simplemente creído. (10)
Este sistema, explica Schaeffer, no tiene consistencia. Porque quienes lo defienden no pueden vivir con las consecuencias de su propia falta de lógica. “En la práctica nadie puede rechazar totalmente la racionalidad, por mucho que su sistema lo lleve, a menos que experimente … algún tipo de crisis mental.” Así, las personas se han visto obligados a un nivel aún más profundo de la desesperación: “un nivel de misticismo con la nada.” (11).
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