Publicado el 02. mar, 2011 por admin en Homosexualidad
Revisionismo Reciente
Siguiendo la avalancha de libros a finales de los 1970s que básicamente adoptaron el enfoque general de D. S. Bailey a los registros Bíblicos que tradicionalmente se asumía que condenaban la homosexualidad, quizá el texto revisionista mejor documentado e ingeniosamente redactado sobre el tema haya sido Cristianismo, Tolerancia Social y Homosexualidad: La Gente Gay en la Europa Occidental desde Principios de la Era Cristiana hasta el Siglo Catorce, de John Boswell.
Dio pie a críticas favorables y ha sido reimpreso una cantidad de veces. Boswell es un erudito inteligente que entiende las complejidades del razonamiento historiográfico, los idiomas antiguos y el análisis literario; su creatividad al leer “entre líneas” para una explicación histórica de lo que se ha escrito (o en busca de textos que han sido alterados) es digna de notarse, reflejando una conciencia amplia de las varias maneras (y a menudo conflictivas) en que historiadores y exegetas pueden abordar e interpretar su información. Su libro es la fuente de nociones fascinantes y de evidencia histórica interesante respecto a la tolerancia homosexual a lo largo de la historia Occidental.
Boswell se propone refutar “la idea común de que la creencia religiosa – Cristiana o cualquier otra – haya sido la causa de la intolerancia con respecto a las personas gay.” Trata de demostrar que los preceptos religiosos simplemente han sido usados “como justificación para la hostilidad o el prejuicio personal,” dada la manera notoria en la que “las restricciones Bíblicas han sido empleadas con gran selectividad por todos los estados Cristianos.” Por todo lo que sabemos, bien podría haber una medida de verdad en su psicologización de algunos cristianos del pasado (o presentes), así como Boswell indudablemente ofrece perspectivas útiles en los hechos y factores que atañen a la historia de cómo han sido tratados los homosexuales. Sin embargo, en términos de nuestra perspectiva ética Cristiana, tales cosas no son fundamentales o pertinentes. Creemos que la palabra revelada de Dios es nuestro estándar último, infalible y suficiente de práctica y reflexión moral.
Allí donde los Cristianos profesantes o la historia de la Iglesia se hayan quedado cortos de enseñar u obedecer el estándar de la Escritura consistentemente, necesitan ser corregidos y llamados a un apego más cuidadoso a este estándar divino de moralidad. La falta de observancia de ella por parte de los seguidores de Cristo es lógicamente irrelevante para el punto teológico de que únicamente la Escritura debiese funcionar como nuestra norma moral. Como siempre, debemos tener cuidado de no caer en la “falacia naturalista”: argumentando a partir de cuál es el caso (descriptivamente) hacia lo que debiera ser el caso (preceptivamente).
En este contexto nuestro único interés en el libro de Boswell es su tratamiento de las Escrituras como tal. Hace la sorprendente afirmación de que “además, es bastante claro que nada en la Biblia hubiese impedido de manera categórica las relaciones homosexuales entre los primeros Cristianos” – dejando de este modo la puerta abierta a su teoría favorita de que el temor u otros factores son necesarios para explicar la persecución Cristiana de los homosexuales en la historia de Occidente. Las restricciones Bíblicas no explicarían la condena Cristiana de los homosexuales porque, según la hipótesis de Boswell, en primer lugar la Biblia no proscribe la homosexualidad – al menos, no cuando es interpretada “correctamente.” Luego procede a complementar (con consideraciones no decisivas) hasta alinearse con Bailey hasta tratar de encontrar una explicación convincente de la historia de Sodoma como una condena de la homosexualidad, viéndola más bien como una censura de Dios sobre la inhospitalidad, lo cual ya hemos refutado.
Al volverse a las condenaciones explícitas de las prácticas homosexuales en Levítico 18:22 y 20:13 Boswell trata de contextualizar los pasajes en un interés ritualista por evitar la idolatría y mantener los símbolos de la distinción Judía en relación con el mundo Gentil. Además, lee el Nuevo Testamento (incorrectamente) como si este rechazara la autoridad obligatoria de la ley Mosaica, en cuyo caso evidenciaría una selectividad arbitraria para que los cristianos apelen a Levítico en contra de las prácticas homosexuales.
En libros escritos sobre la continua normatividad de la instrucción moral Mosaica en el Nuevo Testamento, he señalado que el mismo Jesús estableció la presuposición general que los Cristianos han de tener con respecto a la ley Mosaica: “No penséis que he venido para abrogar la ley o los profetas; no he venido para abrogar, sino para cumplir. Porque de cierto os digo que hasta que pasen el cielo y la tierra, ni una jota ni una tilde pasará de la ley, hasta que todo se haya cumplido. De manera que cualquiera que quebrante uno de estos mandamientos muy pequeños, y así enseñe a los hombres, muy pequeño será llamado en el reino de los cielos; mas cualquiera que los haga y los enseñe, éste será llamado grande en el reino de los cielos” (Mateo 5:17-19).
Es verdad que el mismo Legislador en otros lugares ejerce la prerrogativa de alterar o poner de lado algunos detalles de la economía Mosaica, pero Jesús aclara muy bien que nosotros no tenemos esa autoridad y no podemos hacerlo; más bien, debemos operar sobre la presuposición de la continua validez de los mandamientos Mosaicos, excepto donde el Nuevo Testamento nos enseñe otra cosa. Esos elementos de Levítico que Boswell señala que no son seguidos por los Cristianos del Nuevo Testamento no son seguidos hoy precisamente porque creemos que tenemos una justificación divina para hacerlos a un lado – de otra forma continuarían siendo moralmente obligatorios (cf. Deuteronomio 4:2).
Después de todo Dios no tiene un doble estándar de moralidad. Pablo miraba “toda la escritura” del Antiguo Testamento como útil para la “instrucción en la justicia” (2 Timoteo 3:16), y Santiago condenó el quebrantamiento de incluso un solo punto de la ley (Santiago 2:10).
La propia afirmación de Jesús fue que el hombre debía vivir “de toda palabra que procede de la boca de Dios” (Mateo 4:4).
Por lo tanto, los Cristianos que apelan a Levítico para censurar la homosexualidad, pero que no siguen a Levítico en otros asuntos el día de hoy, son libres de la acusación de selectividad. Al vivir según cada palabra que proviene de la boca de Dios, hacemos a un lado aquellas provisiones de Levítico que la Escritura misma más tarde nos enseña que han sido cumplidas por Cristo para nosotros (e.g., el templo y los servicios sacrificiales, Hebreos 9-10) o modificadas en el Nuevo Pacto (e.g., las leyes dietéticas, Hechos 10).
Pero seguimos viviendo por aquellas provisiones que el Legislador mismo no haya alterado o derogado. Las consideraciones de contextualización de Boswell respecto a las provisiones anti-homosexuales en Levítico son exageradas y no convincentes. Es evidente a partir del pasaje extendido de Levítico 18 – 20 que el Legislador estaba abordando mucho más que conexiones con la idolatría ritual o con asuntos que distinguían a los Judíos de los Gentiles. De hecho, el pasaje en realidad contiene el segundo más importante mandamiento de la ética Cristiana, “amarás a tu prójimo como a ti mismo” (19:18; cf. Mateo 22:39).
Los mandamientos de este pasaje sí tienen como propósito apartar a los Judíos de los G
entiles, por cierto (e.g., 18:3-4, 24-30), pero ponerles a un lado no solo por medio de ordenanzas rituales (e.g., 19:21-22, ofrendas por el pecado) o de símbolos pedagógicos (e.g., 19:19, contra ciertos tipos de mezclas), sino también en términos de su conducta moral. Así pues, está prohibido el incesto – tal conducta, como Pablo nos dice, “cual ni aun se nombra entre los gentiles” (18:6ss.; cf. 1 Corintios 5:1).
El pasaje de Levítico habla de algunos asuntos que son claramente morales, no meramente rituales, en carácter: tales como la compasión por el pobre y el discapacitado, la honestidad en nuestras palabras y en las finanzas, el no guardar rencor o contar chismes (19:9-18), la prohibición de la prostitución, inculcar el honor por los ancianos, el ser justos con los viajeros, y usar estándares justos de medida (19:19-37).
La misma combinación de leyes respecto a los rituales, para distinguir a los Judíos de los Gentiles, y a asuntos morales (e.g., el maldecir a los padres, el adulterio, la bestialidad) se encuentra en Levítico 20. Boswell simplemente no le tiene la menor consideración al texto en su intento por reducir toda su enseñanza a un tipo de asunto, y de este modo su conclusión de que la homosexualidad es condenada en Levítico como una impureza ritual (en lugar de ser condenada como algo intrínsecamente erróneo) es una generalización precipitada y sin base.
Boswell está igualmente equivocado cuando afirma que la palabra Hebrea que explica la prohibición de la homosexualidad en Levítico 18:22 y 20:13 (toevah) se relaciona con la impureza ceremonial, la contaminación étnica y la idolatría Gentil más bien que con algo intrínsecamente malo. La palabra simplemente significa “repugnante, aborrecible, que disgusta” y se usa en este sentido básico incluso para casas detestadas por los seres humanos (e.g., Génesis 43:32; 6:34; 1 Crónicas 21:6; Salmo 88:8; Proverbios 8:7 y esp. 29:27) y por Dios (e.g., Amós 6:8). Cuando se usa en conexión con la desaprobación moral de Dios la palabra a menudo se relaciona con la idolatría y la impureza ritual, pero no es, en ninguna manera, una palabra técnica limitada a tales denotaciones.
En el Antiguo Testamento leemos que Jehová encuentra que una cantidad de transgresiones morales son toevah: los estándares dobles en las medidas (Deuteronomio 25:16), la sed por el derramamiento de sangre y el engaño (Salmo 5:6), la impiedad general de los ateos (Salmo 14:1), la maldad cometida por los reyes (Proverbios 16:12), el adulterio (Ezequiel 33:26), etc. Entonces, una vez más, el esfuerzo de Boswell por reducir el reproche Bíblico sobre la homosexualidad – que es “repugnante” a la vista de Dios – a un asunto de impureza ritual comprueba ser un caso de una lectura arbitraria que es introducida en el texto al cual fue para encontrarla. Es excesivamente refinada e injustificada.
Boswell alude a “intensas relaciones de amor entre personas del mismo género” en el Antiguo Testamento, “algunas veces con dejos distintivamente eróticos.” Sin embargo se refrena sabiamente de intentar sacar por la fuerza alguna conclusión a partir de tales “dejos” subjetivamente evaluados.
Cuando Boswell se vuelve a la literatura Paulina tiene como propósito mostrar que Pablo “nunca sugirió que hubiese alguna razón histórica o legal para oponerse a la conducta homosexual,” pero su discusión fracasa al no lograr desviar la fuerza de la contra-evidencia obvia en Romanos 1, 1Corintios 6:9-11 y 1 Timoteo 1:8-10. En los últimos dos textos Pablo afirma que la ley de Dios fue dada para restringir la mala conducta de los hombres, incluyendo la práctica de la homosexualidad – conducta injusta por la cual las personas son excluidas de heredar el reino de Dios.
Esto pareciera ser más bien una directa condena moral de la homosexualidad.
La única defensa de Boswell es sostener que las palabras Griegas involucradas no necesitan referirse específicamente a la homosexualidad.
Malakos (1 Corintios 6:9) es un término amplio para referirse a alguien que es “desenfrenado, licencioso,” mientras que arsenokoitai (1 Corintios 6:9 y 1 Timoteo 1:10) es un término limitado para referirse a un “prostituto varón,” afirma Boswell. En el primer caso, el hecho que malakos no sea “necesariamente” una referencia a la homosexualidad es irrelevante a si, en el hecho real, fue usado de esa manera en el texto específico en cuestión.
Las autoridades en lingüística Griega (e.g., Moulton y Milligan) están en desacuerdo con la afirmación de Boswell de que el término nunca es usado en otra literatura Griega para designar a los homosexuales. En el caso de arsenokoitai, Boswell simplemente ha limitado su denotación sin justificación. Etimológicamente el término es un compuesto que significa, de manera amplia, irse a la “cama” (coito) con un “varón” – la analogía de la expresión del Antiguo Testamento de “echarse con varón” (Levítico 18:22). Esto señala a las relaciones homosexuales en general, y no más específicamente a recibir pago por involucrarse en tal actividad, o incluso por tener múltiples compañeros como pareja.
Con respecto a las palabras condenatorias de Pablo en Romanos 1:26-27, Boswell afirma que Pablo no se estaba refiriendo a personas homosexuales (aquellos cuya propia inclinación sexual está invertida) sino más bien a “actos homosexuales cometidos por personas heterosexuales” – aquellos que pervierten su propia inclinación sexual. Ya hemos visto antes que Pablo estaba ciertamente dando una reprimenda a algo más que acciones en este pasaje; de igual manera censuró los deseos internos que conducen a tal conducta exterior.
Además, en cuanto a la existencia de las supuestas “personas homosexuales” de Boswell (personas que internamente y siempre están inclinadas a la homosexualidad), el punto que Pablo señaló como contraste fue precisamente que no existe tal clase de seres humanos – que aquellos que se envuelven en deseos y prácticas homosexuales lo hacen “contra la naturaleza.” En este contexto Pablo no quiere dar a entender que estas cosas sean contrarias a la propia naturaleza interior de la persona, sino contrarias a la “función natural” (v. 26).
Boswell una vez más sobrepasa la evidencia lingüística cuando argumenta que en los escritos de Pablo el término “naturaleza” siempre ha de entenderse como la naturaleza de alguien, no la naturaleza en lo abstracto. Esto le quitaría el sentido a la declaración de Pablo de que la “naturaleza misma” enseña que es vergonzoso para un hombre el tener el cabello largo (1 Corintios 11:14). Por “naturaleza” o “natural” Pablo se refiere al orden original creado y/o su condición y operación presente. Esto explica la manera por la que se dice que los no creyentes hacen las obras de la ley “por naturaleza” (Romanos 2:14), aún cuando el “hombre natural” no recibe las cosas que son del Espíritu de Dios (1 Corintios 2:14); los no creyentes son creados (y conocen inherentemente a Dios y Su ley) y también caídos (resistiendo internamente la revelación de Dios).
De este modo las cosas que se hacen de manera “contraria a la naturaleza” no son, solo por ese hecho, necesariamente malas (e.g., la actividad de Dios en Romanos 11:24). Solamente el contexto lo puede determinar. En Romanos Pablo presenta el orden creado como un conducto para conocer el carácter personal de Dios y la voluntad divina universal para la conducta humana (1:18-25; 2:14-15).
Las personas no na
cen más como homosexuales constitucionales de lo que nacen como adúlteros o ladrones constitucionales. Todo homosexual se ha alejado, y de ese modo ha pervertido el diseño creacional de Dios (“naturaleza”) para la sexualidad, sea de manera auto-consciente o no.29 Las nociones y el vocabulario metafórico ya estaban disponibles para el apóstol Pablo por el cual podía haberse referido a una propensión interna hacia la homosexualidad, si hubiese sido su intención excluirla de la condenación pronunciada en Romanos 1; pero su denuncia de la homosexualidad fue, en contraste, categórica o sin reservas.
Conclusión
Por lo tanto, vemos en conclusión que la gimnasia mental de Boswell con el testimonio del Antiguo y del Nuevo Testamento ha sido ineficaz en atenuar la censura y la condena Bíblica de la homosexualidad. A Boswell le gustaría decir que “el Nuevo Testamento no toma una posición demostrable respecto a la homosexualidad,” en cuyo caso “la fuente de los sentimientos anti-gay entre los Cristianos debe buscarse en alguna otra parte.”
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