Guerra contra la razón – 4ta Parte

Guerra contra la razón – 4ta Parte

Publicado el 14. mar, 2011 por en Historia Iglesia

Misticismo: la irracionalidad tiene consecuencias

El misticismo es la idea de que la realidad espiritual está dentro de uno mismo y se encuentra “mirando a tu interior”. El misticismo es muy acorde con el existencialismo religioso; de hecho, es consecuencia inevitable del existencialismo.

La mística desdeña la comprensión y el entendimiento racionales, y en su lugar busca la verdad a través de los sentimientos, la imaginación, las visiones personales, las voces interiores, la iluminación privada, y otros medios igualmente subjetivos. La verdad objetiva se hace prácticamente superflua. Las experiencias místicas son auto-autenticadas, es decir, no están sujetos a ningún tipo de contrastación, examen o verificación objetiva. Son únicas para la persona que las experimenta. No surgen de un proceso racional ni dependen de razón para justificarse, así que son invulnerables a cualquier refutación por medios racionales.

Como explica Arthur L. Johnson, “la experiencia convence al místico de tal manera y hasta tal punto que simplemente no puede dudar de su valor y la exactitud de lo que él cree que es. [...] En su forma más cruda, esta posición afirma que creer en algo lo hace real. La idea es que la realidad última es puramente mental, y uno es capaz de crear cualquier realidad conforme a sus deseos. Así el místico ‘crea’ por su cuenta la verdad, a través de su experiencia. En una forma menos extrema, el punto de vista parece ser que hay ‘realidades alternas’, unas tan reales como las otras, y que en ellas el místico se ‘sumerge’ en sus experiencias. Cualquiera sea la forma en que se vea, el criterio de la verdad se queda como una experiencia puramente privada y subjetiva, sin medios de verificación ni de defensa y prevención contra el error. El místico se ve por encima de los demás, y de sus interrogantes o cuestionamientos. Resultado práctico: es casi imposible razonar con un místico convencido, que por lo general se coloca por fuera del alcance de la razón.” (12)

El misticismo es por lo tanto la antítesis de discernimiento, una de las formas extremas de la fe sin prudencia. Es el gran mezclote en el que se sintetizan la Neo-ortodoxia, el movimiento carismático, los evangélicos anti-intelectualistas, e incluso algunos sectores del catolicismo romano. Surgen tendencias como “la tercera ola”, movimiento neo-carismático con énfasis dominante en las señales, prodigios, milagros y profecías personales; la Renovación Carismática, que combina las enseñanzas del monasticismo, la mística católica antigua, las religiones orientales y otras tradiciones espirituales; la “guerra espiritual”, que busca confrontación directa con potencias diabólicas, y el movimiento de las “profecías” o revelaciones privadas, que alienta a los creyentes a buscar señales extrabíblicas que supuestamente proceden directamente de Dios.

El influjo de la mística también ha abierto a la iglesia evangélica a la penetración de conceptos típicos de la “Nueva Era”: control del pensamiento y “visualizaciones” (visiones), sanidad interior, comunicación con los ángeles, “canalización”, interpretación de los sueños, pensamiento positivo y “confesión positiva”, y gran cantidad de otras nociones, prácticas y “terapias” que procedan directamente del ocultismo esotérico, chamanismo y religiones orientales. La faz del movimiento evangélico ha cambiado dramáticamente en los últimos 20 años, y hoy la influencia de la Neo-ortodoxia se ha generalizado, incluso algunos segmentos del evangelismo contemporáneo son aún mucho más subjetivos que la Neo-ortodoxia en su enfoque de la verdad.

Se puede discutir si la iglesia resistió o no con éxito a la Neo-ortodoxia. Hace 20 años hubo una heroica resistencia contra la influencia neo-ortodoxa sobre la cuestión de la inerrancia de la Biblia. Pero cualquiera sea el resultado, en todo caso la victoria se sacrifica ahora en el altar del misticismo, que hace irrelevante el asunto de la inerrancia. Después de todo, si la más alta verdad es subjetiva, y viene del interior de nosotros mismos, ¿qué importa si los detalles de la Escritura son o no verdaderos? Si el contenido de la fe no es el problema real, ¿qué más da si la Biblia tiene errores o no?

En otras palabras, la Neo-ortodoxia atacó la inspiración objetiva de la Escritura; el misticismo evangélico ataca la interpretación objetiva de la Escritura. El efecto o resultado práctico es igual y el mismo. Al adoptar el relativismo existencialista, los evangélicos pierden las riquezas que costaron tan ardua lucha. Si podemos obtener guianza significativa de personajes que aparecen en nuestras fantasías, ¿por qué molestarnos con lo que la Biblia dice, no dice o quiere decir? Si vamos a ignorar o incluso rechazar el veredicto bíblico contra la homosexualidad, ¿qué diferencia hay si el tratamiento literal del asunto en las Escrituras es exacto o no? Si hay profecías personales, visiones, sueños, y seres angélicos disponibles para darnos orientación espiritual inmediata (“nueva revelación”, se le llama a menudo) a quién le importa si la Escritura está exenta de error, en todo o parte?

El misticismo anula además la Escritura, apartando a la gente de la Palabra de Dios como único objeto confiable de fe. Advirtiendo sobre los peligros del misticismo, Schaeffer escribió: “Probablemente la mejor manera de describir este concepto de la teología moderna es como ‘fe en la fe’, en lugar de fe dirigida a un objeto real …. Hoy la gente no habla sobre el objeto de su fe, sólo de su fe misma. Así puede conversar sobre la existencia de su fe y su ‘tamaño’, ya que existe contra toda razón, y eso es todo. La fe del hombre moderno se vuelve hacia adentro …. Su fe es introvertida, porque no tiene ningún objeto cierto … su racionalidad no está abierta a la discusión. Esta posición, sugeriría yo, es en realidad de una mayor desesperación y oscuridad que la del suicida.” (13).

Pero la fe del místico es una ilusión. La verdad “cierta para mí” es irrelevante para cualquier otra persona, porque carece de cualquier base objetiva. Por tanto, en última instancia la fe existencial es absolutamente incapaz e impotente para levantar a nadie por encima del nivel de la desesperación. Todo lo que puede hacer la persona es buscar siempre más experiencias, más fuertes, y más sentimientos. Multitudes se encuentran atrapadas en el desesperado ciclo de alimentarse de una experiencia, y buscar afanosamente la siguiente. Tales personas no tienen un concepto real de la verdad, sino que sólo “creen”. La suya es una fe temeraria, sin prudencia.

Continúa Leyendo la: V Parte.

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