La presciencia de Dios

Publicado el 26. dic, 2011 por en Proyecto - El Evangelio

La objeción que presentan los arminianos contra la preordinación pesa de igual manera contra la presciencia de Dios. Lo que Dios prevé, por la misma naturaleza del caso, es tan inalterable y seguro como lo que él preordena; por tanto, si su preordinación es inconsistente con la libertad moral del hombre, su presciencia también lo es. La preordinación asegura todos los acontecimientos, mientras que la presciencia presupone su certeza.

Ahora bien, si los acontecimientos futuros son conocidos de antemano por Dios, jamás podrán ocurrir de manera contraria a como él había previsto que ocurrirían. Si el curso de los acontecimientos futuros es conocido de antemano, la historia seguirá dicho curso de manera tan cierta como una locomotora sigue las vías de un determinado punto a otro. La doctrina arminiana, al rechazar la preordinación, rechaza la base teísta de la presciencia.

Sin embargo, aun el sentido común nos dice que ningún evento puede ser previsto a menos que haya sido predeterminado por algún medio, sea físico o mental. Nuestra opción respecto a lo que determina la certeza de los acontecimientos futuros queda reducida, por tanto a dos alternativas—o a la preordinación de nuestro sabio y misericordioso Padre celestial o a la acción del destino ciego y físico.

Los socinianos y los unitarios, aunque no tan evangélicos como los arminianos, son más consistentes en este punto, ya que después de rechazar la preordinación divina prosiguen a negar que Dios pueda conocer de antemano las obras de seres racionales libres. Sostienen que en la misma naturaleza del caso no puede saberse cómo una persona ha de actuar hasta que llegue el momento y se haga la decisión. Pero tal creencia reduce las profecías bíblicas a meras conjeturas astutas y además destruye la fe cristiana histórica en la inspiración de las Escrituras. Es por eso que esta posición nunca ha sido sostenida por ninguna iglesia cristiana reconocida. Sin embargo, algunos socinianos y unitarios han sido lo suficientemente francos y honestos como para admitir que la razón que los condujo a negar la presciencia absoluta de Dios en relación a los actos futuros de los hombres fue que si ésta se admitía, entonces hubiera sido imposible refutar la doctrina bíblica de la predestinación.

Muchos arminianos han reconocido la fuerza de este argumento y, aun cuando no han negado la presciencia de Dios como lo han hecho los unitarios, no obstante han dado a entender que si pudieran o se atrevieran hacerlo, lo harían sin reparos. Algunos se han expresado en tono menospreciativo y han insinuado que, en su opinión, no es de mucha importancia el que se crea o no en la doctrina de la presciencia. Otros han llegado al extremo de decirnos francamente que es mejor rechazar la presciencia que admitir la predestinación.

Aún otros han sugerido que Dios puede voluntariamente inhibirse del conocimiento de algunos de los actos de los seres humanos a fin de que éstos puedan mantener el libre albedrío; lo que, por supuesto, anula la omnisciencia de Dios. Otros han sugerido que el hecho de que Dios es omnisciente sólo implica que él puede conocer todas las cosas, si así lo deseara—como de la misma manera su omnipotencia implica que él puede hacer cualquier cosa, si así lo deseara. Pero esta comparación carece de fundamento, ya que no se trata de eventos posibles sino de eventos reales, aunque futuros; y atribuir a Dios falta de conocimiento de algunos eventos es negar su omnisciencia. Esta interpretación da lugar, como puede verse, al absurdo de una omnisciencia que en realidad no es omnisciente.

Cuando se confronta al arminiano con el argumento de la presciencia de Dios, éste tiene que admitir que los eventos futuros son seguros o ciertos; sin embargo, cuando discute el problema del libre albedrío, trata de mantener que las obras de seres libres son inciertas y que dependen en última instancia de la elección de la persona —lo cual evidentemente es una inconsistencia. Una posición que mantiene que las obras libres de los hombres son inciertas sacrifica la soberanía de Dios a fin de preservar el libre albedrío de los hombres.

Además, si las obras de seres libres fuesen inciertas, entonces Dios tendría que esperar hasta que el evento haya acontecido antes de poder hacer sus planes. En la conversión de un alma, por ejemplo, tendríamos que concebir a Dios como obrando de la misma forma que se dice que Napoleón obraba antes de ir al campo de batalla—es decir, desarrollaba tres o cuatro planes distintos y los llevaba en mente, para, si el primero fallaba, poder recurrir al segundo, y si éste fallaba, entonces recurrir al tercero, y así sucesivamente—una posición que es inconsistente con una visión correcta de la naturaleza divina. Además, si dicha posición fuese cierta, esto significaría que Dios desconoce gran parte del futuro y que cada día está adquiriendo gran cantidad de conocimiento. Su gobierno del mundo sería, en tal caso, muy incierto y cambiadizo, dependiendo todo el tiempo de la conducta imprevista de los hombres.

Negarle a Dios las perfecciones de la presciencia y la inmutabilidad es representarle como un ser frustrado e infeliz, a menudo obstaculizado y derrotado por sus criaturas. Pero, ¿quién?, con toda honestidad, creerá que Jehová el Altísimo tenga que sentarse a esperar, preguntándose: “¿Qué hará el hombre?” Pero mientras el arminianismo insista en negar la presciencia de Dios, permanecerá sin defensa ante la consistencia lógica de la verdad revelada en las Escrituras, ya que la presciencia implica certeza y la certeza implica preordinación.

Hablando por medio del profeta Isaías, el Señor dijo: “Porque yo soy Dios, y no hay otro Dios, y nada hay semejante a mí, que anuncio lo por venir desde el principio, y desde la antigüedad lo que aún no era hecho; que digo: Mi consejo permanecerá, y haré todo lo que quiero” (Is. 46:9-10). “Has entendido desde lejos mis pensamientos”, dijo el Salmista (139:2). El “conoce los corazones” (Hch. 15:8). “Y no hay cosa creada que no sea manifiesta en su presencia; antes bien todas las cosas están desnudas y abiertas a los ojos de aquel a quien tenemos que dar cuenta” (Heb. 4:13).

Mucha de la dificultad que experimentamos con relación a la doctrina de la predestinación se debe a que nuestra mente es finita y, por tanto, comprende muy pocos detalles a la vez, y entiende de manera muy parcial las relaciones que existen entre éstos. Por ser criaturas condicionadas por el tiempo, muchas veces no logramos comprender que Dios no está limitado como lo estamos nosotros. Aquello que a nosotros nos parece ser “pasado”, “presente”, y “futuro”, en la mente de Dios es “presente”, o más bien, un eterno “ahora”, sí el es “el Alto y Sublime, que habita la eternidad” (Is. 57:15). “Porque mil años delante de tus ojos son como el día de ayer, que pasó, y como una de las vigilias de la noche” (Sal. 90:4).

Los eventos que vemos desarrollarse en el tiempo son solamente aquellos que Dios decretó y estableció desde la eternidad. El tiempo, al igual que el espacio, es una propiedad de la creación finita y Dios los trasciende y los contempla de manera objetiva. Así como él ve de un solo vistazo todo el largo de una carretera, mientras que nosotros vemos sólo una pequeña porción de ella según la vamos recorriendo, de la misma manera él ve todos los eventos de la historia, los pasados, los presentes y los futuros de un solo vistazo. Cuando nos damos cuenta que todo el proceso de la historia está delante de Dios como un eterno “ahora” y que toda la creación es obra suya, la doctrina de la predestinación se hace un poco más fácil.

En la eternidad antes de la creación no hubiera existido certeza alguna en cuanto a los eventos futuros a menos que éstos hubiesen sido decretados por Dios. Los eventos pasan de la categoría de cosas que pueden o que no pueden llegar a realizarse, a la de cosas que han de realizarse con absoluta certeza, o sea, de meras posibilidades a realizaciones, sólo mediante el decreto divino. Esta certeza o seguridad de los acontecimientos jamás hubiera podido tener fundamento que no fuese la mente divina, ya que en la eternidad nada existía aparte de Dios mismo.

El Dr. R. L. Dabney dice: “La única manera en que algún objeto puede haber pasado en la mente de Dios de lo meramente posible a lo inevitablemente cierto, es si Dios mismo hubiese determinado llevarlo a cabo, o lo que hubiese permitido de manera intencional y deliberada por medio de otro agente que expresamente hubiese creado para dicho propósito. Un efecto concebido potencialmente sólo se actualiza mediante una o más causas eficientes. Al contemplar Dios todo su universo desde el punto de vista de su presciencia infinita, sólo había una causa, es decir, él mismo; por tanto, si alguna otra causa hubiera surgido, dicha causa subordinada hubiera tenido a Dios como causa fundamental. Si la presciencia infinita de Dios encierra en sí efectos que han de ser producidos por estas causas subordinadas, entonces al decretar dichas causas Dios, en su infinita presciencia, decretó o determinó al igual todos los demás efectos”.

El Dr. A. H. Strong, teólogo bautista, y quien por varios años fue Presidente y Profesor del Seminario Teológico de Rochester, escribe al mismo efecto: “En la eternidad no pudo haber habido causa alguna de la existencia futura del universo fuera de Dios mismo, ya que entonces sólo Dios existía. En la eternidad Dios previo que la creación del mundo y todas sus leyes haría segura la historia hasta en sus más insignificantes detalles. Pero Dios decretó la creación y la institución de estas leyes. Al crear y establecer dichas leyes Dios decretaba, por tanto, todo lo que habría de acontecer. Es decir, Dios previo los eventos futuros del universo como absolutamente ciertos porque él lo había decretado; y esta determinación incluía la determinación de todos los resultados de dicha creación: es decir, Dios decretó dichos resultados”.

Pero no olvidemos que no debe confundirse la presciencia con la preordinación. La presciencia presupone la preordinación, pero no es en sí misma la preordinación. Los actos de las criaturas libres no suceden porque son previstos, sino que son previstos porque han de acontecer con absoluta certeza. El Dr. Strong dice: “El decreto viene antes de la presciencia de manera lógica, aunque no de manera cronológica. Por ejemplo, cuando yo digo, ‘Sé lo que haré’, es evidente que ya he formado una determinación, y mi conocimiento no precede sino sigue y está basado en dicha determinación”.

Dios conoce el destino de cada persona, no meramente antes de que la persona escoja en esta vida, sino desde la eternidad, ya que su presciencia es perfecta. Y como él conoce el destino de cada persona antes de que éstas sean creadas, entonces es evidente que tanto el salvo como el no salvo cumple el propósito de Dios, porque si no estaba en el propósito divino el que algunos individuos se perdieran, Dios podría haber optado por no crearlos.

Concluimos, pues, que la doctrina cristiana de la presciencia de Dios prueba también su predestinación. Dado que los eventos son previstos, son fijos y seguros; y nada que no haya sido la buena voluntad de Dios—quien es la gran primera causa—pudo establecerlos y asegurarlos, preordinando todo lo que sucede de manera libre e inalterable. La dificultad está en que los actos de seres libres son seguros; sin embargo, tanto la presciencia como la preordinación requieren que dichos actos sean seguros. Si los argumentos de los arminianos fuesen válidos, entonces tanto la presciencia como la preordinación quedarían anuladas. Pero ya que no son válidos, concluimos que, en realidad, sus argumentos no prueban nada.

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Respuestas7 a “La presciencia de Dios”

  1. Antonio

    26. dic, 2011

    Como siempre, muy interesante su articulo. Bendiciones

  2. gerson ramos hernandez

    26. dic, 2011

    me asombro y me gozo en estas doctrina de como Dios es infinitamente sabio en todo lo que hace…. gracias hermanos en cristo por estas enseñansas que Dios les vendiga y les de mas sabiduria.

  3. Manuel Carlos Santocildes Bernabè

    27. dic, 2011

    Hola gracias por los estudios que me mandan regularmente.Son de mucha bendición y hacen recapacitar sobre muchas cosas.
    En referencia a este artículo, me quedan algunas dudas acerca de la predestinación. Yo siempre he creído que han habido sucesos en los que Dios ya los había predestinado, como por ejemplo Faraón o Judas, etc.
    Pero también veo en la Biblia casos como el de Caín en Gn 4:6 y 7 en el que “aparentemente” Caín puede escoger. También cuando el Señor dice que no quiere que nadie se pierda, si no que todos procedan al arrepentimiento (2P3:9) o también cuando se habla de arrepentimiento en diferente lugares en el NT.Ej:Lc 13:3,Hch3:19 entre otros. Y finalmente, cuando en Lc15:7 habla Jesùs de gozo en los cielos por un pecador que se arrepiente, si ya està todo determinado, cual es la sorpresa si ya se sabìa?
    Bueno, en mi ignorancia, me agradaría que me sacaran de esas dudas, aunque ya se que no podemos saberlo todo, según Dt 29:29.
    Muchas gracias y que Dios les siga bendiciendo.

  4. RODOLFO

    30. dic, 2011

    lo unico que puedo ver es lo pequeña que se nuestra mente ante la suprema grandeza de nuestro Dios Todopoderoso y estar agradecido con el por su gran bondad y misericordia al habernos escogido gracias Padre gracias Hijo y gracias Espiritu Santo

  5. LUIS ENRIQUE PARRA

    03. ene, 2012

    NO TENGO NINGUNA DUDA SOBRE EL PODER DE MI REY Y SALBADOR PORQUE SI UNA COMPUTADORA ,PUEDE ALMACENAR TANTA MEMORIA QUE ES HECHA POR EL HUMANO QUE NO SERA NUESTRO DIOS QUE NOS HISO A NOSOTROS YO CREEO EN LA PREDESTINACION DE DIOS ETERNO AMEN

  6. CESAR

    17. ene, 2012

    la mayoria de los llamados maestros,pastores y evangelistas no entienden lo que tratan de ensenar y mucho menos cumplen lo que tratan de hacer cumplir a los demas,LOS DUENOS DE NEGOCIOS QUE PONEN EL INCONTAX COMO DONACIONES A LAS IGLESIAS Y LOS QUE DAN DIEZMOS DAN DE LOS QUE LE SOBRA,
    ACASO DIOS ES UN PORDIOSERO QUE NESESITA DE LIMOSNAS?

  7. MigueF

    13. jun, 2013

    Segun los arminianos, la presciencia disminuye el libro albedrio. La presciencia de Dios lo que le permite es conocer lo que cada persona va a hacer, Pero no ha impuesto lo que cada ser humano hace, si no mas bien conoce lo que cada ser humano va a hacer o no con su libertad. Dios predestina en base al su previo conocimiento. Es decir primero ve lo que haras y luego predistina. Por eso pedro dice: Elegidos según al presciencia de Dios. Y no a la inversa.

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